viernes, 25 de febrero de 2011

Que me toquen

Sí pero no. No soy muy 'tocona' y, sin embargo, tengo una capacidad sorprendente para olvidarme del mundo cuando alguien ajeno a mí pone sus manos sobre mi rostro o cuerpo. Y en la cabeza... ni digamos.

Por ello, procuro concederme algún que otro regalo en forma de masaje o terapia relajante. Cuando me siento apagadita o baja de energía, es la mejor medicina. Mis favoritos...

Cosquillitas, efectivamente, como las que siendo una niña intercambiaba con mis primas Sara y Cristi. Sucedía cuando nuestra tía nos obligaba a ir a la siesta. Nosotras nos quedábamos en el salón y el sonido del reloj y su péndulo, y el roce de nuestras pequeñas manos tenían un poder hipnótico. Nunca conseguimos dormir.

Solo existe un lugar en el que recibirlas: Cosquillearte (García de Paredes, 33. www.cosquillearte.com). No sabría explicar cómo pero el efecto narcótico es insuperable. Suaves presiones, caricias, roces... No diré más.




(© Fotos Cosquillearte)

The Lab Room (Campoamor, 6. www.thelabroom.com). Me fascinan sus productos y la mezcla de sus aromas.




Desde la rosa de la leche limpiadora a la lavanda de la mascarilla o el albaricoque cuando te aplican templado el bálsamo labial.




(© Fotos The Lab Room)

Beauty Palace by Luza Ríos (Hermosilla, 49. Bajo B www.luzarios.net). Incluso cuando el tratamiento es enérgico, me gusta que me toquen manos desconocidas. Mi último descubrimiento es su 'Puesta a punto'.

Y sueño con el agua, las piedras calientes o el Phyto-Aromatic Massage .del spa del Radisson Blue Hotel Madrid Prado (Moratín, 52. www.radissonblu.com).

Pronto me concederé el capricho y dejaré que me mimen con la cosmética de la firma francesa Anne Semonin.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Mi lado canalla



Todavía no había hecha pública mi vena canalla y nocturna… Bueno, lo cierto es que hubo tiempos mejores en los que la palabra resaca ni tan siquiera se acercaba a mi diccionario. Ahora, el truco es beber menos y, ante todo, mejor. Por eso, no me resisto a visitar a mis bartenders favoritos.

Carlos Moreno. Nos presentaron cuando despegaba su trayectoria en el Glass Bar del Hotel Urban. Ahora sigue haciendo de las suyas en O’Clock (Juan Bravo, 25. www.oclockpub.com).




(© Foto Matías Perez Llera)

Maneja, como pocos, este arte y presume de una creatividad inagotable. Pero demuestra más; también osadía y que las normas están para saltárselas, con respeto, claro está.

Diego Cabrera. Pronto abrirá nueva barra en Madrid. Ahora, domina la de Le Cabrera (Bárbara de Braganza, 2. www.lecabrera.com). 





Diseñado por Luis Galliusi, tiene un ‘nosequé’ que ya no depende del interiorista y sí de otros factores y que multiplica esa onda de la que, sin duda y según definí en una ocasión con la palabra ‘swing’, presume este argentino.








(© Fotos Le Cabrera) 

Todo suma puntos, desde el ambiente a la simpatía del personal, pero, ante todo, la maestría a la hora de combinar ingredientes: destilados, zumos de frutas, amargos, especias… Y de eso, Diego sabe lo suyo. 

Francesco Cavaggioni. Se atrevió con su propio local en Amnistía y hasta él me llevó Silvia, mi amiga ‘la Anticafé’ (otro bar muy recomendable en el número tres de la calle Unión). En nuestro primer encuentro me sorprendió las etiquetas que reunía y los amargos y otras bebidas que él mismo preparaba.


Su nueva barra es Belmondo (Caños Viejos, 3. www.belmondococktails.com). Pequeña, coqueta pero muy canalla, es el último proyecto de otro ‘viejo’ amigo de la noche: Dani, de Costello y ahora también metido en líos en Siroco.



(© Foto Sara Navarro)

Goza de una estética art decó que envuelve a los pocos privilegiados que encontraron una banqueta, silla o huequecito libre. A la luz de un techo cubierto por botellas de Cointreau, se degustan mezclas tan gratas como el gin fizz, negroni o singapore sling. La música es otro valor añadido. 

Javier de las Muelas. En noviembre inauguró Dry by Javier de las Muelas (Gran Melià Fénix. Hermosilla, 2. www.drymartinibcn.com). Tiene esa pátina de otro tiempo o de película en la que cualquier cosa puede suceder si pasas unos minutos en su barra… Y está en un hotel, algo que a mí me encanta.






(© Fotos Jordi Poch-Dry Martini Madrid)

Fernando del Diego. Célebre por su local Del Diego (Reina, 12. www.deldiego.com) y claro ejemplo de talento y pasión desmedida. Siendo apenas un niño comenzó como chico de los recados en Chicote y ya nunca quiso desvincularse de la calidez de una barra. 

Basándose en los parámetros clásicos, cree en la perfección y en la intuición, en ese sexto sentido que le lleva a sugerir un combinado, y no otro, dependiendo de cada persona.

Shuzo. La suya, en el 52 de Jorge Juan, es una barra pequeña pero agitada en la que el magnetismo entre cliente y barman es bidireccional. Él los mima y ellos, se dejan querer. Silencioso y brillante, este oriental conoce todos los entresijos de las bebidas y las combina con los ingredientes que, siempre bajo su punto de vista y nada que ver con modas, considera más oportuno. 

Pero tengo más ‘favoritos’ en la noche… Como Mario Villalón de El Padre (Serrano, 45. www.elpadrerestaurante.es) o el trío de ases de Fuse (Hotel Puerta América. Avda. de América, 41. www.fusepeople.com). Es decir, Paula Roque, Víctor García de Haro y Ramsés Jiménez quienes explotan el lado más juguetón de la coctelería.



 (© Foto Matías Perez Llera)

Ah, y mi último hallazgo es Carlos Olivares de The Gin Room (Academia, 7). Él ha hecho que vuelva a adorar el gin tonic… y eso, parecía algo imposible.




(© Fotos Juanjo Lezamiz)


La noche... ¿por qué me gustará tanto?

jueves, 10 de febrero de 2011

Naturalmente

¿Dije que envidiaba a franceses y holandeses? ¿Y también a alemanes y belgas? Una vez más, así es. Por su compromiso eco y sus magníficas tiendas en las que adquirir, a modo de rutina y no como gesto excepcional, cosmética, alimentación y toda suerte de artículos amables con el medio ambiente y con nosotros.


Afortunadamente, en Madrid aumenta el número de este tipo de establecimientos. 


Me encanta la cosmética. Será porque mi rostro concentra todos los tipos de piel posibles. Porque me gusta que cuando tocan mi cuerpo digan: ¡Qué suave! Y porque me fascina untarme diferentes texturas, percibir aromas que estimulan los sentidos...


En Pretty Good (Plaza de San Miguel, 5. www.prettygood.es) podría pasar una larga temporada. Mucho más teniendo que en cuenta que Ana, propietaria junto a Arancha, es una delicia. Y habla tanto como yo, ja!.



Reúnen firmas internacionales y también nacionales. Como Matarrania, creada por Evelyn Celma y que recupera el excepcional aceite de oliva de la comarca homónima de Teruel. De ella es el aceite corporal con el sensual aroma de ylang-ylang, clavo y canela y del que yo me declaro fan absoluta. 






Más productos, todos con los pertinentes sellos. Ah, y los precios no resultan nada caros. Como muestra, la firma parisina Cattier. Su solución micelar es única. Como lo son las líneas de bebé Bubble & Cream o REN, sofisticada y elegante. 



(© Fotos Pretty Good)


Más cosmética pensada para cada etapa vital, desde la infancia a la madurez pasando por la maternidad. Y también alimentación, ropita y mucho más en Naturale (Hernán Cortés, 18 Local. www.e-naturale.com). Además, ante cualquier duda, Lorena explica y detalla las propiedades y beneficios de cada artículo. 


(© Foto Naturale)

Todavía no ha conseguido convencerme para que pruebe Raw Gaia, cosmética orgánica, vegana, cruda y que, incluso, se puede comer. (No, creo que no!)

Cerca, se encuentra Ecomanía (Belén, 4. www.eco-mania.es). La apuesta de César pasa por objetos para el hogar, desde utensilios para la cocina a velas y perfumes para crear una atmósfera cálida. 


(© Fotos Ecomanía)


Pero también lavavajillas sin detergente, ropita para bebé y para adulto confeccionadas en algodón orgánico 100% o bambú, de gran absorción, secado rápido y propiedades antibacterianas naturales. 

¿Más? Juguetes, pinturas con ceras naturales y cuadernos sin cloro, es decir, blanqueados de forma no contaminante. 

Tres pistas para curiosear, comprar y aprender. 

martes, 1 de febrero de 2011

I love bikram

Pensé que nunca lo diría. Sufrir me sienta bien. ¿Contradictorio? No, bikram. 


Comencé a practicar hace un año en Bikram Yoga Center (Barquillo, 38. Madrid. www.bikramyogacenter.es) y, desde el primer momento, todo son beneficios. Si bien, el sufrimiento hace acto de presencia, cada día.



Primero, apenas unos minutos antes de comenzar la clase, pienso: ¿Por qué he venido? Me asalta el deseo de escapar, huir e irme por donde vine. 


A lo largo de los 90 minutos y, entre alguna que otra de las 26 posturas (asanas), vuelvo a pensar: Ni que me apasionara marearme... Pero, lo superan con creces buenísimas sensaciones.


Notar cómo mi cuerpo ha cambiado y se han perfilado músculos antes invisibles. 


Más fuerte, más flexible, así me siento.

Ser consciente de una mayor concentración, disciplina y equilibrio. 


Mi mente y cuerpo son más cómplices que nunca.

Superarme minuto a minuto de esos 90 que permanezco en la sala a 40º (o más grados). 

A veces, a medida que el sudor corre por mi cuerpo, incluso sentir frío, un auténtico placer...

Recuperar la energía tras posturas tan duras y al mismo tiempo tan gratas como:

 De pie, arco. Estimula el sistema cardiovascular y comprime la columna vertebral enviando sangre fresca a las vértebras.


Postura de equilibrio. Aumenta la circulación cardiovascular entre otros muchos beneficios. 
 Camello. Abre y fortalece la caja torácica, pulmones y sistema respiratorio, etc. Y es, sin dudarlo, mi postura favorita. Por la que creo voy a clase y supero el deseo de escapar y los mareos. Porque con ella me he emocionado y tenido sensaciones únicas.



(© Fotos BYC)


Pero hay más razones. 

Como estar en silencio y con la boca cerrada durante una hora y media (Sí, yo).

En silencio, eso sí, me repito algún que otro mantra.

Servirme de mi mirada y concentración en el espejo como armas anti rendición.

Y, lo mejor, salir de clase y seguir mi vida. Más ligera, en calma conmigo misma... 

Feliz.

Sin duda, I love bikram. En un ratito, me voy a clase.