miércoles, 25 de mayo de 2011

Es sencillo

A veces sentirse bien lo es.

Otras, no. Por más que te empeñes, desees y anheles.

A veces es tan fácil como encontrarse en un banco, cercano al Museo del Prado y dejar que la noche caiga.

Caminar sin rumbo en busca de una cerveza y tomarla en ese lugar al que en otra vida fuiste, con otra persona, de otra manera.

Y seguir caminando, entrada la noche, a pesar de ser lunes.

Terminar en la Plaza Mayor. Otra cerveza y ensaladilla rusa, increíble.

Buscar el metro, el autobús, un taxi... y terminar en la terraza de Diego, que esa noche inicia temporada...

A veces, es sencillo. Otras no.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Tienen alma

Sillas, mesas y lámparas... Es decir, muebles y objetos decorativos que tienen alma de tantas vidas que ya concluyeron y de la que ahora les toca. En el barrio de las Letras se ha formado una ruta vintage con piezas procedentes de medio mundo. Increíble, deliciosa, onírica...

De absoluta maravilla puede tildarse Tado (Echegaray, 31). Creada hace ocho años por los ya conocidos en el barrio como los Juanes (Sorzo y Castro) y con la dulce Sylvie Fiachetti al frente. Su nombre coincide con el de un perro. 







Periódicamente se redecora y cambia, digamos, el escenario y ambiente para sorpresa y placer de la clientela. Así ha pasado de una ferretería del siglo XIX, a un desván de idéntica fecha con serrín y baúles secretos y a un hogar de aire francés, con una gran cama de madera, con mantas calentitas, una mesa y la luz de las velas. Incluso se transformó en una escena de la delicada obra literaria El festín de Babette.



(© Fotos Tado)

Tras el éxito de este inusual proyecto, los Juanes se instalaron por partida doble en Nicolás y Micaela (San Pedro, 9). Sendos establecimientos y sí, otros dos animalitos.



(© Foto Nicolás)

La primera reúne piezas de los años 50 y 60 fabricadas en Dinamarca que ellos restauran. Aunque algunas llevan la impronta de grandes diseñadores, domina el anonimato y, por ello, unos precios ajustados. 

En cuanto a la segunda, siguiendo la filosofía de Tado, cambia y recrea diferentes ambientes para suerte de quienes se asoman a esta casita-escaparate.

A tan sólo unos pasos, se encuentra The 2ND Downtown (San Pedro, 18). Cuando se abre la puerta, muy diligentes, se acercan Gretel y Telma, madre y hermana de Micaela, respectivamente. Son dos teckel que, a veces, no atienden a su dueño, Borja Beascoa, y se escapan.





(© Foto The 2ND Downtown)

Siempre vuelven, como lo hacen de sus viajes, Borja y su socio, Javier Blasco, cargados, siempre, de cosas bonitas. Por ejemplo, alfombras, delicados tejidos así como artesanía de Vietnam, Marruecos, India, etc.

Hace una década, Concha, animada por la presencia de anticuarios, fue la primera en aterrizar en el barrio: Concha Ortega (Moratín, 14). 

La mirada se pierde entre las mil y una varillas de un biombo de pino, una cómoda del XVIII y una maleta parisina de los años 30. Son algunas de las joyas que a ella, poseedora de un gusto exquisito y un talento como restauradora único, fascinan.

Eva Gabeiras realizó su sueño. En Moratín 20, (www.moratin20.blogspot.comemula la estética de los gabinetes de curiosidades del siglo XVIII. 


Así, tras reparar en los fanales de cristal con pájaros y otros seres en su interior, uno se fija en los juguetes de madera de los años 30, en la colección de cepillos de carpintero y, por supuesto, en los sombreros y casquetes de plumas confeccionados en los 20 y 40. En medio de todo ello, otro teckel, que siente simpatía por los inquilinos de la calle San Pedro, descansa en un sofá a medida.

Después de trabajar junto a Lander Urquijo (Serrano, 120) aportando el toque vintage a su sastrería, Nuria Quilis y Luis Bermejo se establecieron en Passage Privé (Moratín, 29. www.passageprive.es), un lugar bien agradable que antaño fue una lechería. 





(© Fotos Passage Privé)

Rosendo González y Julio Montero Melchor llegaron hace cuatro años y, pronto, duplicaron dirección. Son amantes confesos del diseño del siglo XX y propietarios de Modernario (Moratín, 30 y Santa María, 20. www.modernario.es). 

Sienten debilidad por los años 30-50, cuando el diseño se basaba en estudios antropomórficos en busca de la forma perfecta, y bella. Que la estética no estaba reñida con la comodidad y funcionalidad quedo patente de manos de Bruno Mathsson, Mario Botta o Arne Norell; pero también de Arne Jacobsen, Kaare Klint o Charles & Ray Eames.

Sin duda, tienen alma.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Naranjas -y alcohol-

Mi madre solía hacer experimentos.

Por ejemplo, cocinar 'seín' -también llamado 'patatas hippies'-. La palabra y la receta probablemente no existen en otro lugar que no sea mi pueblo.

Deseosas de introducirse en la gastronomía autóctona, Ella y Aurora -la ATS- cocinaron patatas, tocino rancio, pimientos y... flores de calabacín. Pero algo sucedió y: "Esta flor sí y ésta también, que mira qué bonita es".  Casi morimos envenenados, sobre todo Pablo (por tragón!).

Otro de los experimentos de ella fue el 'Licor de naranja'; para mí siempre será 'Licor de cabra'. Atención a la receta: leche de cabra sin hervir, piel de naranja, nuez moscada, alcohol... y varias noches bajo la luz de la luna. El resultado era un licor sutil, aromático y adictivo con el que yo viví una de mis primeras borracheras en una escapada con el instituto a Mérida.

Lo recuerdo ahora que acabo de conocer a Federica (www.arancellofederica.com). No es aquella italiana con la que pasé un verano en Inglaterra, no. Ni tampoco la amada de Lorenzo en El tiempo que querría. Es una nueva bebida con notas a verano, Mediterráneo, a tardes en calma y que yo ya puse a enfriar.



(© Foto Arancello Federica)

Mi madre también solía sorprendernos con manzanas de feria que, como por arte de magia, elaboraba con colorante de la farmacia. Y éstas no eran un experimento... y sí uno de los recuerdos más dulces de mi infancia.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Barcelona, una y otra vez

Como buscadora nata de buenas sensaciones, pocos lugares me dejan indiferente. Ummm, si lo pienso, no hay ninguno.

Madrid me emociona y Barcelona sacude mi ánimo a cada paso. De ella me quedan sensaciones deliciosas.

Conversaciones a altas horas de la noche en una casa de Milà i Fontanals. Ya sin vino, ya sin cerveza.

Desayunar tostadas con mantequilla -mucha mantequilla- sola, con la única compañía de una leve resaca. Desayunar fuet con tomate (sin dejar de repetir, entre bocado y bocado, ¡qué rico!) al ritmo de Loquillo y su 'no hables de futuro, es una ilusión' en el Mercado de San Antonio.

Y comer, seguir comiendo...

Alcachofas asadas en la terraza de un bar llamado Morryssom.

Gambas de Palamós en Koy Shunka (www.koyshunka.com).



(© Foto Cardamomoyclavo)


Atún maravilloso en Big Fish (www.bigfish.cat). Realmente único.

Y comenzar la noche en la barra del Dry Martini (www.drymartinibcn.com) tomando un Jim Let Fox Trot.



Para luego, descubrir que su restaurante, Speakeasy, es sencillamente genial.




(© Fotos Jordi Poch-Dry Martini BCN)

Cruzar el umbral de Como agua de mayo y descubrir las joyitas de Oliphant (www.oliphant.es).



 (© Foto Oliphant)

Pasar por delante de un café llamado Silenus (www.restaurantsilenus.com) en el que hace años me detuve sintiéndome realmente triste. Pero ya pasó.

Por casualidad, encontrar la bendita churrería... que aquella madrugada nos salvó.


(© Foto Cardamomoyclavo)

Tener la certeza de que algunas cosas solo funcionan en esta ciudad.




(© Foto Cardamomoyclavo)


Adornar mi cabello con una diadema que encontré en Oslo Work & Shop (www.oslobarcelona.com).

Y sí, recordar también que una vez dormí en un hotel (www.hotelneri.com) con vistas a la Plaza de San Felipe Neri.

Barcelona estimulante.