jueves, 29 de noviembre de 2012

Si me caso, quiero belleza

Que no, que no va a suceder. Pero lo cierto es que en la última boda a la que fui invitada, regalé belleza.

En forma de ramo de novia, con la firma, estilo y creatividad de esa gran artista que se esconde tras Elisabeth Blumen (www.elisabethblumen.com). Por supuesto.






Esa gran florista a la que yo, si tuviera presupuesto, cada semana le encargaría flores. Que ella eligiera en función de la estación. De momento, invierto semanalmente 1,50 € en una vara.



 (© Fotos Sara Lobla)

Junto con el ramo regalé (amos) más belleza.

Sí, una caja con productos seleccionados -con sumo vicio- en mi tienda on line fetiche: Laconicum (www.laconicum.com).



Tienen tarjetas regalo o puedes optar por divertirte 'confeccionando' la caja perfecta para tus amigos. Que si ella se pinta las uñas, que si él tiene un cabello bonito...


Para él y para ella. Para Jorge y para Jana. 


Es mi web fetiche por quienes están detrás (María y Anabel), fetiche porque los gastos de envío están incluidos y fetiche porque es maravillosa la selección e historias que hay detrás de cada marca.

Sí, amiga Carmen, me encanta Laconicum y no, no me pagan comisión. Pero las buenas ideas siempre hay que apoyarlas. Y ésta, una y otra vez.


(© Fotos Laconicum)

Para ese momento especial que supone la boda de alguien querido, JC Apotecari (www.jcapotecari.com) también presenta su Wedding Box. En versión femenina o masculina.




(© Fotos JP Apotecari)

Si me caso, que lo dudo, yo también quiero belleza. Un vestido morado como el de mi madre y una fiesta en un camping.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Oliver, el perfumista inclasificable

Oliver es perfumista artesano. No es el único, pero es especial.

Autodidacta e inclasificable, se siente al margen de exigencias comerciales o tendencias masivas. En sus fórmulas hay algo extraño, diferente. Hay materias primas naturales.

No trabaja con bases ni acordes, tampoco atiende a la pirámide o a las familias olfativas. Capa a capa, gota a gota, formula perfumes de manera intuitiva, experimental. Abstracta.

Solo así crea ediciones limitadas. Cuidadosamente.

Como la vela Ládanom.


Con artemisa, eucalipto, cedro, madera de guaiac y ládano, es decir, la resina de la hojas y flores de la jara.

O los perfumes, sin género, Resina y Vetiverus.




El primero con opopanax, mirra, incienso, benjui, elemí, ládano. Tiene una textura suntuosa, especiada y con un insólito toque floral.





Dichas resinas se acompañan de la esencia del árbol de Fuego de Australia. La fragancia es vanguardista y comprensible a la vez.


(© Fotos Oliver and Co)

Vetiverus nació del choque de la flor de Osmanthus y la raíz de Vetiver. Es sofisticado, erótico. 


De venta en www.oliverandco.es

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Chillida en la nevera

Siempre me ha gustado su obra.

Pero nunca visité Chillida Leku. Quise hacerlo en diversas ocasiones y siempre creía que sería en la próxima. Ya no habrá próxima.

Hubo un tiempo en el que la última planta del Museo Reina Sofía era mi favorita. Pasaba el tiempo mirando su serie de gravitaciones. Absorta.

En estos días, iré y quizá regrese más tarde al Museo ABC (www.museoabc.es). Allí se recoge el trabajo menos explorado del artista vasco: su faceta como ilustrador y diseñador gráfico.




Hasta el 9 de diciembre, pueden verse los carteles que realizó para los Juegos Olímpicos de Múnich así como libros, logotipos, etiquetas de vino, medallas o portadas.




Y recordaré que el día que falleció Eduardo Chillida yo estaba en la redacción de otro periódico, de provincias, y supe que las necrológicas llevan largo tiempo escritas.



(© Fotos Eduardo Chillida)


Es tan sencillo como buscar en la nevera.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Domingo de brunch

Adoro los huevos benedictine.

Me encanta la salsa holandesa desde que mi madre la cocinó por vez primera. Fue en Navidad y acompañaba a salmón.

Dicha salsa sobre huevos, bacon y muffin inglés, no cualquier pan. Pero no huevos sin más, no, siguiendo la receta que implica poner en una olla, grande y baja, agua a calentar -no mucha-, añadir vinagre y los huevos (muy frescos) con sumo cuidado para no romper la yema. No, no son propiamente escalfados.

Son una delicia, mucho más si los cocinan chefs como Rafa Cordón y Benjamín Bensoussan, de Le Cabrera (www.lecabrera.com).


(© Foto CyC)

Se trata de una de las especialidades de su brunch. Que se toma en torno a la barra de arriba, notando el aroma de la crema del día, de las tortitas con sirope de arce, chocolate y mucho más... Codo con codo con otros clientes hambrientos. Todos.

Lástima que solo se sirva el séptimo día porque es el plan perfecto para una mañana perezosa. Claro que éstas no se dan (porque no puede ser) con tanta frecuencia.

Adoro los huevos benedictine desde que los probé en el Hotel Urban. Fue en su brunch, uno de los mejores de la capital. Sí, hay muchos, pero pocos realmente exquisitos.

Y caeré, de nuevo, en la tentación cuando visite Le Pain Quotidien, que recientemente estrenaba sucursal en Capitán Haya, 26. Ahora, más cerca de casa.



La receta de esta casa belga se compone de dos rebanadas de pan de trigo, espinacas frescas, dos huevos y la célebre salsa holandesa. Se pueden acompañar de jamón york o de salmón ahumado.




Yo me quedo con el primero. Y un gran café. Sí, también cruasanes y mantequilla. 



(© Fotos Le Pain Quotidien)

Mi otra debilidad. 

martes, 13 de noviembre de 2012

Setas, hayas y recuerdos

Una vez estuve en Sigüenza y pensé que era un buen lugar para ir a menudo. En otoño, por ejemplo.




He vuelto.

Y he caminado entre los pinos buscando setas y encontrándolas de mil formas.








He tomado, por vez primera, fino seguntino o lo que es lo mismo: gaseosa, vermut y un toque de espuma del tirador de cerveza. Y he repetido.

También he comido una tapa inspirada en el Cid. Con garbanzos, canela, miel, cebolla, pimienta... hasta 14 ingredientes. En un lugar tan curioso y cálido como Gurugú (www.gurugudelaplazuela.com).

Fue tras escuchar un concierto mágico, en El Postigo; sí, Ojos verdes, Tatuaje, Sign, Sign, Sign, entre otros grandes temas, en clave jazzística.

He paseado bajo la lluvia junto a las hayas rojas de la Tejera Negra. Y recordé las salidas al campo con el colegio. Ésa gran ventaja de haber vivido en un pueblo pequeñito y haber ido al cole a otro, no mucho mayor.



Volvieron a mi mente, sí, las lecciones de botánica en vivo y en directo, y los exámenes posteriores. Cada uno llevaba el herbolario y don Paco elegía al azar unas u otras plantas.



(© Fotos CyC)

He recordado que soy lo que soy por los paseos que he compartido con mis padres y hermanos. Por todas esas conversaciones que ellos mantuvieron con nosotros. Sin saber que, siendo mayores, las recordaríamos. Tanto. Y que soñaríamos con ser, alguna vez, la mitad de buenos padres que ellos han sido.

Setas, hayas y recuerdos. En Sigüenza.


jueves, 8 de noviembre de 2012

Cantabria. Infinita.





Se presenta como infinita. Y sus atractivos, sí, son múltiples. En Cantabria la Naturaleza, tanto mar como montaña, es prodigiosa; la gastronomía y despensa excelsas, y su capital, Santander, el destino perfecto durante todo el año. El ideal hoy que comienza un puente, en Madrid.

En otoño, es mágico. Con sus tranquilas calles, el paseo junto al mar y el Mercado de la Esperanza en el que comprar los sobaos pasiegos y tantas cosas.






La Magdalena y el faro.




Antes o después, es preciso tomar el barquito y llegar hasta Somo. Bajo la fina lluvia, un paseo por su playa resulta, sí, reconfortante. Y luego un café.

Cantabria también son pueblos como San Vicente de la Barquera y sus ostras, o Isla y las cetáreas de langostas del restaurante Astuy, que precisan años y años hasta alcanzar un tamaño digno.

Cóbreces con su cementerio y su monasterio. Ahí vive un monje que tiene mi apellido. Y playas...




Gacelas, avestruces, gorilas y elefantes. También búfalos, bisontes, tigres y cobos de agua. Ellos, y otros animales en régimen de semi libertad, son los habitantes de un espacio único: el Parque de la Naturaleza de Cabárceno. Perdí la cuenta de tantas veces que lo visité.



(© Fotos Cantabria Turismo)


Cuevas como El Soplao, abierta al público en 2005 y cuya belleza y formaciones la convierten en un tesoro geológico; y las de Monte el Castillo (El Castillo, La Pasiega, Las Chimeneas y Las Monedas) conforman el conjunto patrimonial del paleolítico más importante de Europa.

Y el sabor de restaurantes de siempre como El Cenador de Amós (www.cenadordeamos.com) que, por fortuna, varias veces probé en primera persona.




Con el antiguo salón del baile transformado en aula de cocina, los jardines y la amabilidad de Marian y Jesús. Siempre.



Su última apuesta es La Casona del Judío, en la capital, que se suma a la amplia nómina de lugares bonitos. 




(© Fotos Jesús Sánchez)

Como La Malinche con recetas tradicionales revisadas y una cuidada selección de vinos.



(© Foto La Malinche)

El Machi, de estética vintage y conocido por las rabas, su vermut y ambiente.



(© Fotos El Machi)

Sin duda, son las direcciones que es preciso conocer en una nueva visita a esta tierra infinita. Hoy es un buen día.


lunes, 5 de noviembre de 2012

Amanecer en la Gran Vía

Otras ciudades tienen una Gran Vía.

Pero solo Madrid tiene LA GRAN VÍA: bonita, auténtica, bulliciosa, vibrante.

Me gusta caminarla a cualquier hora y correrla cuando se enciende el alma de los comercios y se apaga la de las farolas. Mi espíritu runner hace que me eche al mundo temprano y es entonces cuando la Gran Vía se despereza.

Sí, también he amanecido junto a ella cualquier noche larga, después de algunas copas.

Adoro que nunca descansa. Un poquito, sí. Pero nunca para.

Y sueño, desde hace mucho tiempo, posiblemente desde que llegué a esta ciudad, con dormir una noche en la Gran Vía. Lo hice en una ocasión, en el número 69, pero realmente, está en una pequeña callecita. No es la Gran Vía. Tampoco tenía vistas a ella.

Me encantaría pasar una noche en el Hostal Josefina, ése que se anuncia, altivo, ante Callao.

Pero creo que reservaré en el número 47 de la calle Montera. Y pediré que mi habitación en el Hotel Praktik Metropol (www.hotelpraktikmetropol.com) tenga vistas a mi elogiada arteria urbana. A ella y a ninguna otra.



Me gusta su buen diseño obra de Lázaro Rosa-Violán. Me entusiasman sus precios (desde 59 y hasta 119 €).

Intuyo que el servicio es cercano, amable. No sé, pero lo intuyo.




Dicen que el escritor Ernest Hemingway fue uno de los muchos personajes históricos que admiraron  la fachada color crema cargada de balcones y ventanales del edificio; lo veía desde su trabajo como periodista extranjero en el edificio Telefónica, situado justo enfrente. Y que para mí, insisto, es la imagen más poética de esta ciudad.



Me quedaré en una de sus 71 habitaciones. Sé que la experiencia me encantará y quizá pase dos días. Saldé a la calle con alma de recién llegada. Subiré a la azotea.


(© Fotos Hotel Praktilk Metropol)

Tomaré el sol y seguiré amando la Gran Vía. La más bonita, auténtica, bulliciosa y vibrante de todas.