martes, 18 de febrero de 2014

Tras el neón: Mequierovivir




Me gustan los neones. Y en rojo, más. 

Me encantaría poner uno en la pared lateral de Check In Rioja, en rojo, por supuesto. Como el de Olivera, en Madrid, ese local en el que tomé más de una copa. Con la misma luz que el reloj del edificio de Telefónica, que alguien decidió cambiar por uno azul. Ayer lo contemplé de nuevo y, tristemente, ya no me parece la imagen más poética de la ciudad...

Paseando bajo la lluvia, en Pamplona, descubrí otro:

Mequierovivir (www.mequierovivir.com). 

Fue fácil, brillaba con fuerza, bajo el soportal de la Plaza del Castillo.

En el escaparate encontré infinidad de cosas que me entusiasman: cuentos con ilustraciones oníricas, pequeños cuadros llenos de fantasía y con frases tan necesarias como 'Sé feliz'. Ésas que, con tanta frecuencia, olvidamos.




Dentro estaba Pitxu, su propietaria. Amable y con una energía que se contagia. Ella llegó de Lleida, hace 13 años, y junto a Bea, en diciembre de 2010, levantaron la persiana.

Se encontraron en la escuela de teatro, fundaron su propio grupo y estrenaron su primera función: 'Mequierovivir'. Poco a poco, se multiplicaban los proyectos hasta que abrieron su pequeño gran mundo. 

Está llenito de arte, de palabras bonitas, de ésas que dan aliento, que suponen un empujoncito... se nota que cada objeto ha sido elegido con cariño. Bea y Pitxu andan bien servidas de creatividad y, de hecho, diseñan una línea de artículos: 28 razones porque te quiero; Un deseo; Em moro per besar-te; Soy tu estrella bipolar...





(© Fotos Mequierovivir)

Mequierovivir no es una librería y galería artística al uso... Suceden conciertos, recitales de poesía, presentaciones de libros... Se encuentra la obra de autores como Eva Armisén, Marc Parrot, Paula Bonet, Marina Anaya, Fernando Vicente o Daniel Moreira, entre otros. 

Yo, que entré cuando más llovía, salí con una sonrisa. 

lunes, 10 de febrero de 2014

De primeras veces

Yo, que escribo sobre hoteles, querría recordar cuál fue el primero que visité. Que volvieran a mi mente esas impresiones. Supongo que fue el hostal de L'Escala, en el que pasábamos una semana en septiembre.

Para Claudia sucedió el sábado, apenas a unos kilómetros de Logroño, en Los Parajes (www.hospederialosparajes.com), en Laguardia.



(© Foto Los Parajes) 

Dice que es el mejor en el que estará nunca. Ojalá ella guarde en su memoria la sorpresa que le pareció tener una 'casita' para nosotras solas, la cama tan grande y confortable, y el baño en el que incluso había cepillo de dientes y una esponjita para sacar brillo a sus botas.

Espero que nunca olvide el ratito -tan relajante- que pasamos en el spa. 

Ni el desayuno. Porque ella, que apenas toma un cola-cao, ayer domingo comió un huevo frito, fruta y algún dulce.

Espero que Claudia tenga la oportunidad de viajar a grandes hoteles y a albergues como el de su tío, que tenga los ojos bien abiertos y que, ante todo, no pierda esa capacidad para quedarse con la boca bien abierta.

Su primer hotel siempre será Los Parajes, en Laguardia. Y si lo olvida, yo se lo contaré...

lunes, 3 de febrero de 2014

Pamplona, pese a la lluvia (y la nieve)

Han pasado varios meses desde que vivo en Pamplona. Han pasado varios meses, muchos bajo la lluvia, constante y a veces impertinente, pero no he recorrido la ciudad como debería. 

Es decir, entrando, preguntando, tomando notas, haciendo fotos... Hasta que no lo haga, creo que no habré aceptado que ésta es mi nueva ciudad. Y eso que ya soy, oficialmente, de Pamplona.

Me queda ir al Parque de la Taconera, al Café Vienés, y probar su tarta de chocolate. No entiendo porqué pospongo la visita.

Visitar ese nuevo café que además es librería, llamado Walden y que está tan cerca de casa. Acercarme, de nuevo, a La Hormiga Atómica, con café y también muchos libros, y preguntar si ya han abierto su cocina.

Reservar mesa en Enekorri, Rodero, La Nuez y continuar descubriendo esos restaurantes que ocupan la primera planta. ¿Por qué será? Empecé por Otano, y debería intentar sacar mis propias conclusiones.

Caminar un sábado hasta el río y comprar verdura en las huertas de la Magdalena.

Decidir que hasta que no pruebe los fritos de casi todas las barras de Pamplona, no sabré si me gustan o no. Los fritos y las bolas de pimiento.

¿Quizá no asuma que ésta es mi nueva ciudad hasta que viva, como apunta todo el mundo, los primeros San Fermines?

Puede que lo haga, simplemente por probar las especialidades de esa antigua churrería que solo abre durante dicha semana.

Pamplona, pese a la lluvia y a la nieve que hoy quiere llegar.