lunes, 28 de julio de 2014

Mañanas de domingo

Mañanas de ese día que me encanta, el domingo, en las que ejerces como jurado. Y no es un juego porque para ellos, para los participantes, es serio e ilusionante. Ayer, pasé la mañana tan ricamente en Labastida, municipio alavés que ha promovido su primer tour de pinchos, con concurso incluido. 




De 14 bares que hay en el pueblo, participaron 13. Sí, tomé las 13 propuestas con sus respectivos vinos. Afortunadamente con el tiempo he aprendido a no ser glotona y, aunque me cueste, no 'rebaño' el platillo ni termino la copa. 

He ejercido como jurado tres veces. Y en las tres ocasiones me he preguntado: ¿Quién soy yo para puntuar el trabajo de estas personas? Muchas veces, profesionales, otras aspirantes, pero siempre entusiastas de lo que hacen. 

En las dos primeras, fue Carlos Moreno, mi barman favorito, el que me lo propuso o hizo que me lo propusieran. En ambas se trató de coctelería. Bebí -mucho-, me reí, aprendí y aluciné positivamente con lo que se puede llegar a mezclar y servir en una copa. 

Ayer, volví a quedarme con la boca abierta ante mucha creatividad. Eran profesionales que llevan largo tiempo detrás de una barra y que nada tenían que demostrar. Si bien, aceptaron el reto que lanzó la alcaldía y se la jugaron ante nosotros, el jurado formado por chefs y periodistas, y los vecinos del pueblo y curiosos que, durante todo el fin de semana, se han acercado y que votaron su favorito.

Como jurado en Labastida me he demostrado que soy generosa. De hecho, fui la única que otorgó tres 10. Los merecían, sin duda. 

Ganó uno de esos tres. Bar Vanerik (Frontín, 27) con su esferificación inversa de salmorejo sobre crujiente de jamón, emulsión de aceite de Rioja Alavesa y huevito de codorniz. Ahí es nada para un bar de un pueblo de poco más de 1.500 habitantes. No olvidemos ese dato.

Me encantó El Bodegón (Frontín, 30) y su hamburguesita de crujiente de careta con tomate alavés al foie. También la ensaladilla rusa de Bar Bastida's (Frontín, 22) porque a mí con una ensaladilla se me gana casi siempre. 

Volvería probar encantada la propuesta de Petralanda (Varajuela, 2): nido de berenjena con ajoarriero y dulce de tomate. Este último, además, mereció el premio de mejor maridaje. Porque no olvidemos que etiquetas como las de Mitarte o Tierra, competían, y mucho, en calidad. 

Un pequeño consejo -yo que tanto tengo que aprender-: señores cocineros y propietarios de restaurantes, no busquen nombres raros que supuestamente otorgan un 'nosequé' especial, no lo hagan; elijan la sencillez para describir lo que han cocinado. Ni más ni menos. Es lo que nos gusta a la mayoría. Porque el tomate es tomate y punto. 

Y, por favor, anímense a participar en este tipo de iniciativas, divertidas, que son el gancho perfecto para atraer clientes y que supone superarse y demostrar, claro que sí, que se es muy bueno. Muchas veces mejor de lo que uno y los demás creen. 

Y yo, encantada de volver a ser jurado otra mañana de domingo. La cuestión es comer...