martes, 30 de septiembre de 2014

Nerua y Josean Alija




(© Foto Nerua)

Desde hacía tiempo, sentía curiosidad por la cocina de Josean Alija. El sábado le conocí y probé la gastronomía que desarrolla en Nerua

Tras la experiencia, este restaurante y este chef entran directamente en el top ten, qué digo, top five, de mis restaurantes favoritos. Porque la experiencia fue inolvidable.

No contaré qué comí ni qué bebí, que no fue solo vino... Eso lo dejo para El Hedonista, así que tendréis que leer a mi prima, Mar de Alvear, en ese fantástico magazine digital en el que ella es tan feliz. 

Apuntaré que es una suerte poder acercarme a quienes nos hacen felices en un restaurante. Josean se mostró tímido y yo muerta de la vergüenza cuando abrimos la puerta y nos dimos de bruces con la cocina. Pensé que nos habíamos equivocado, pero no, en ese restaurante se entra por la cocina, casi, casi.

Morí de emoción con cada plato y me maravilló el servicio. Ismael y Stefania, son dos de esos cracks que ensalzan el trabajo en sala. Ese oficio que tanto tiempo ha estado infravalorado, profesionales como ellos lo hacen grande.

Y como decía, es una suerte tener acceso a ellos. Tras la cena, Josean nos mostró la terraza donde en los días de calor, ofrecen el aperitivo. Charlamos tranquilamente, pese a las horas y pese a que él todavía no hubiese terminado de trabajar. Y él, de forma espontánea, nos emplazó a las 13 horas, en la puerta del Museo Guggenheim para mostrarnos los otros espacios gastronómicos. 

Allí estuvimos a la hora acordada. No hablamos solo de su cocina y de su propuesta; también charlamos largo y tendido, y asomados a ese gran ventanal sobre la ría, sobre su ciudad, los cambios vividos, la política, el invento del fútbol, la influencia de los ingleses... sobre todo eso y sobre mucho más.

Es una suerte poder acercarme a grandes chefs como él. 

Sin duda. Por todo ello, Nerua y Josean directos al top five. 

lunes, 22 de septiembre de 2014

El mejor verano

Cada verano que concluye es el mejor. Siempre es así. 

Lo era en la infancia y también en la actualidad. O yo, sencillamente, me empeño en que así sea. 

El de 2014 ha vuelto a ser el mejor por su calma, el mar Mediterráneo, los girasoles y los arañazos en los brazos tras coger moras.

Ha sido otro verano más en el que recibir a infinidad de huéspedes en nuestro hostel Check In Rioja (www.checkinrioja.com). Han llegado caminando hacia Santiago de Compostela así como estudiantes extranjeros en busca de un piso en el que vivir durante el curso. También familias con niños pequeños, personas en silla de ruedas, gente maravillosa que queda en nuestro recuerdo. Me llevo grandes conversaciones, lágrimas de emoción y muchos besos. Este 2014 ha sido el de los besos de los huéspedes. Y me encanta. 

En Check In Rioja, he hablado inglés como si lo hubiese pasado enterito en Cambridge, como cuando era niña. 

Volví a la Costa Brava. Dormí por vez primera en mi hostal soñado, el Empúries (www.hostalempuries.com). Tomé su desayuno como si no hubiese cenado la noche de antes en su maravilloso restaurante, Villa Teresita. Sí, este verano he vuelto a demostrarme que soy una zampona. Lo hago en otoño, invierno, primavera...



(© Foto Hostal Empúries) 

Me bañé en la GRAN piscina de La Gavina (www.lagavina.com). Y envidié las mil historias que nos contaron sobre el pasado de este resort cinco estrellas, gran lujo. Acaricié las sedas y terciopelos que visten sus habitaciones más exclusivas. Y formulé, en voz bajita, un deseo: 'Ojalá, pase el tiempo y  Check In Rioja acumule tantas historias, tanto pasado, tanta vida'.




(© Foto La Gavina) 

Cené gambas de Palamós en una súper azotea, en Calella de Palafrugell, con habaneras de fondo. La música llegaba desde el mar. Fue gracias a Ricky y a Mónica, siempre generosos.

Dormí muchas siestas. Todas profundamente, pero la de Mas Rabiol (www.masrabiol.com) fue la mejor. Guardo el recuerdo de esa ensalada de pepino (del huerto de Gloria y Carlos) tan verde y crujiente como a mí me gusta. Fue un placer conocer a este matrimonio y compartir anécdotas. 

Cumplí más sueños. También el de cerrar los ojos y dormir casi sobre el mar, en El Far (www.elfar.net). El azul de la habitación me inspiró otra gran siesta. Me encantó que en la puerta hubiese llave. 



(© Foto El Far) 

Asimismo la hay en Mas de Torrent (www.hotelmastorrent.com). Propiedad de la misma familia y cuya colección de arte me dejó sin palabras. Fue justo antes de pasar a la terraza, ocupar una mesa y disfrutar gracias al chef Jordi Garrido y al maitre, Albert Alonso. Grandísima cena la que nos ofrecieron. 





(© Fotos Mas de Torrent) 


Y así, recorriendo la Costa Brava de 'peapá', recordé los meses de septiembre en familia, cuando éramos niños. Ah, no me olvido de otro sueño cumplido. Yo, que siempre quise 'veranear' en Cadaqués, pasé allí cinco días con sus noches. Fue gracias a la generosidad de Merçè y Víctor. En la terraza de esa bonita casa, desayunamos largo y tendido, comimos, cenamos. No tuvimos prisa para nada. 

El verano de 2014 ha tenido muchos más recuerdos vinculados con mi verdadero pueblo, Arándiga, en Zaragoza. Dormí mucho, cogí moras e hice mermelada, eché de menos a nuestra perra Kika, fallecida hace un año y con la que tantas carreras me daba por los caminos. También recordé a Jara, que también se fue antes de tiempo. 

Llegaron los niños. Hicimos empanadillas, tortilla y filetes empanados, y nos fuimos de acampada. Su primera noche en una tienda de campaña, una de tres personas en las que dormimos cinco. Bueno, Josemi, de madrugada decidió dormir en la puerta, bajo las estrellas. Fue maravilloso, oir justo antes de apagar la linterna, ese 'Tía, te quiero' de Claudia.

Me encantó nadar con ella y al salir de la piscina, verle correr alrededor y escucharle: 'Es que el abuelo me dice que dé unas vueltas siempre y que haga estiramientos'. A mí, cuando tenía su edad, también me hacía correr en la playa. 

Volvimos al Moncayo; recordé aquella salida con el colegio observando los árboles. Le dije a Claudia que distingo tantas plantas porque hice un herbario y el maestro nos examinaba. Elegía una planta cualquiera pegada en el folio, tapaba el nombre y nos preguntaba. Yo me las sabía todas. 

Regresé a Monteagudo de las Vicarías, en Soria. Y aunque solo fueron dos días, fue tiempo suficiente para sentir que mi casa está donde está mi amor, pero que mis pequeños paraísos me llenan de oxígeno fresco. 

Adiós, verano. Hola, otoño. 

martes, 2 de septiembre de 2014

Solo en Madrid

Las tostadas del desayuno con tomate y aceite saben a gloria.

Las distancias de cinco minutos no son tal. Recuerdo aquella vez, en Zahara de los Atunes, junto al faro, cuando me preguntaron dos personas si la playa de abajo estaba lejos o cerca. Les dije: 'Unos cinco minutos'. Y me respondieron: '¿Pero cinco minutos de Madrid'?.

Todos los días es carnaval. Todos.

Las cañas las tiran como en ningún otro lugar. Como en ninguno. 

La gente te habla porque sí. Y eso, cuando te vas a vivir a una ciudad como Pamplona, tan hermética, se echa de menos. 

Su cielo y su luz son únicos.

Existe el parque del Retiro, en el que pasear, correr, quedarse al sol y no querer marcharse. Y el Jardín Botánico, en el que antes, cuando era gratis, yo tantas veces fui a comer un sándwich y a echarme la siesta a un banco. 

Todavía puedes encontrar pequeñas tiendas en las que comprar donuts de forma individual. Te los entregan, como antes, con un trocito de papel a modo de servilleta.

Existen fábricas de churros y de patatas fritas para perder la cabeza. 

El edificio de Telefónica, pese a que su reloj ahora luzca azul y no aquel rojo-rosa de antes, es la imagen más poética de la ciudad.

Y como el anterior, siguen iluminando los neones más bonitos. 

Solo esto es posible en Madrid. Y sí, aunque no quiera admitirlo y aunque la felicidad se lleve dentro y te acompañe allá donde tú vayas, yo te echo de menos, Madrid. Y mucho.