lunes, 20 de octubre de 2014

#viajaralariojana



Soy medio riojana. Y en estos momentos, vivo entre Pamplona y Logroño.

Por suerte, y por tener los padres que tengo, he viajado; me he aproximado también a los lugares cercanos, e incluso, he caminado y cruzado parte de La Rioja, siguiendo las flechas amarillas. Llegaba de Navarra y me fui a Burgos. 

Pero nunca es suficiente para descubrir la gran belleza que tiene esta tierra, la de mi padre, la de mis antepasados.

Este fin de semana lo he dedicado a #viajaralariojana

He paseado por San Vicente de la Sonsierra y por los campos de Ábalos. Cuando la luz del sol, de este sol de octubre que tanto calienta, empezaba a ser más anaranjada, recorrí sus campos de viñas, olivos, higueras y zarzales. Entre las rocas, descubrí lagares que evidencian actividad vitivinícola antiquísima.

También subí al cielo. Lo hice en globo (www.globosarcoiris.com). Impensable tratándose de mí, que tan poco aventurera soy. Subí y, aunque al principio mis piernas no se movían porque si lo hacían, no dejaban de temblar, fue una experiencia maravillosa.





El aire te envuelve y silencia casi todo. Menos los ladridos de los perros, allí abajo. Observé corzos correr, y cómo los pueblos y sus urbanizaciones de nueva construcción parecen dibujados con escuadra y cartabón.

Es una sensación de calma. Volvería a subir al cielo riojano y observar sus pueblos, sus bosques, las curvas del río, las piscinas en las que ya nadie se baña, los huertos tan generosos, las tareas de una vendimia que este año va retrasada y esas viñas que, poco a poco, empiezan a enrojecer.



(© Fotos La Rioja Turismo)


Subí a un punto de Álava que regala unas espectaculares vistas de La Rioja. Fue en el Puerto de Herrera, donde además compartí picnic y buen vino entre amigos.

Pero queda mucho más en esta tierra, como la sierra de Cebollera, la de Cantabria, la de la Demanda o la de Cameros.  Monasterios, castillos, bodegas, iglesias y ermitas, y quedan tantas y tantas patatas a la riojana que probar... que, tras este fin de semana en el que no me marché lejos y me quedé en lo cercano, vuelvo a decir aquello de:

¡Todos a La Rioja! ¡Todos a #viajaralariojana ya!

lunes, 6 de octubre de 2014

Adiós, Mary

Nuestra pre-boda fue el 3 de octubre. Entre esa fecha y el 5 de octubre, cuando reunimos a quienes más nos quieren y queremos, elijo la primera. Así lo sentía y, desde ayer, así será.

Porque ayer dijimos adiós a Mary.

No fue mi tía. Pero era mi tercera tía en Madrid. 

'Los lazos familiares te vienen dados, a los amigos los eliges', nos escribió ella precisamente el 5 de octubre en aquella tarde feliz. 

Ella era mi tía de corazón y una de las personas que más me ayudó en Madrid. Se convirtió en mi tía-vecina. Dormíamos separadas por una pared. Porque gracias a ella llegué, primero de alquiler, a Alonso Cano; también ella me llamó aquella mañana para informarme de que había un piso en venta en el bloque. 

Ella siempre hizo mil gestiones administrativas por mí. Ésas que yo no soporto. Me acompañó al médico. Y junto a ella, y Feli (que sí es mi tía de sangre), pasé horas y horas en su saloncito. La recordaré siempre sentada en su butaca verde. 

Ayer la despedimos y cuando dijeron que podíamos dedicarle unas palabras, me sentí incapaz. Ahora te las digo, Mary:

Te echo de menos. Has sido una jabata que superaste un primer cáncer en el que te dimos por muerta. Lástima que éste segundo ha podido contigo, pero sé que descansas.

Has sido generosa hasta el último momento. Te has muerto rápido para no incordiar. 

Y esperaste a que llegara Óscar, tu hijo, para respirar por última vez. 

Siempre te recordaré fumando. Tocando a la puerta de mi casa y diciéndome: 'Os he traído unos callos. ¿Os traigo también vino?'

Espero ser tan buena tía como tú lo has sido. Ser comprensiva, dulce y cómplice. 

Llevo en mi corazón aquella tarde de verano en la que Feli me castigó y me dejó en casa, con Margarita, mientras todos os marchabais al pantano a merendar. Tú, que siempre llevabas cinco mecheros para el Marlboro, dijiste que no tenías fuego. Volviste a por mí. 

Me dijiste que debía pedirle perdón a Feli. Y fue una de las tardes de verano que más recuerdo. 

Así eras tú, Mary. 

También guardo en la memoria otra tarde que nos llevasteis tú y Feli a merendar al molino. Cuando vuelva a casa de mis padres, buscaré la foto en la que los primos llevamos el carrito de la compra cargado y Óscar, tan pequeño, tiene esa pinta de levantador de pesas.

Con tu muerte, has conseguido que mis dos hermanos y yo ayer viajáramos durante cuatro horas. Y, como dijo Pablo, que fuera la primera vez en años que estábamos juntos tanto rato y que podíamos charlar. 

Te quiero, Mary. Y no me has jodido el día de mi primer aniversario porque siempre preferí el 3 de octubre.