lunes, 26 de enero de 2015

Escribir, escribir

Creo que en alguna otra ocasión he dicho que este blog comenzó para que las personas que me quieren me leyeran. Entonces, cuando lo creé, en 2010, yo solo escribía en un medio impreso que se publicaba en Madrid. Lo hacía en una revista del diario Abc, que se entregaba los viernes. 

Continúo en dicha cabecera, ahora me ocupo de la maravillosa tarea de conocer hoteles y escribir reportajes lo suficientemente atractivos para que los lectores deseen descubrirlos y se animen a viajar. Se publican en la edición nacional, es decir, que se puede adquirir en cualquier kiosco.

En este tiempo, además, he empezado a escribir en un medio digital tan cuidado y que cada día me resulta más interesante, como lectora, y que no es otro que El Hedonista.  

Pero volviendo a los orígenes, este blog comenzó para que quienes entonces me querían -y que creo siguen haciéndolo- pudieran leer mis textos. Y aunque ya puedan leerme a través de otras vías, este blog merece que le siga poniendo cariño. E interés. A veces se me olvida, por todo lo que tengo que hacer y porque creo que ya se me agotaron las ideas. Si bien, el otro día, alguien me recordó lo bonito que es y esto supuso una llamada de atención para poner en marcha, de nuevo, mi imaginación.

Fui a Haro a realizar un reportaje, que verá la luz el día 6 en el periódico; y en la quesería Los Cameros me reconocieron por mi blog. Sentí vergüenza, de veras, porque hacía días que no actualizaba la entrada. Y pensé que todas esas personas que se toman su tiempo para consultarlo, algunos ocasionalmente y otros con mayor atención, es decir, puntualmente, se merecen que yo me ponga las pilas. De modo que voy a intentarlo.

Que tengo mil frentes abiertos no es excusa para no hacerlo. ¡Quién no es multitarea en estos tiempos! Yo, sin lugar a dudas, lo soy. 

Entre los viajes, los reportajes, las obligaciones de Check In Rioja, cuyo inicio de la temporada ya está a la vuelta de la esquina, el libro... Sí, también el libro. Y si hace apenas unos días publiqué un capítulo, el más íntimo de todos, en mis redes sociales, fue para creer que lo he conseguido. Ahora, utilizar este medio para contarlo es otra buena forma de creer que, efectivamente, he escrito un libro. Y ya no hay vuelta atrás. 

Sé que no tiene demasiado mérito. Hoy por hoy, lo hace casi todo el mundo. Y siendo periodista, más. Por eso, puede que no tenga importancia o valor, puede que sea yo la que le concedo más del real. 

Debe ser porque desde niña amo los libros. Merecen mi respeto y también quienes los crean. Quizá por tener la excusa de pasarme el tiempo leyendo, estudié Filología Hispánica. Todavía hoy me gasto el dinero que no tengo en libros y me genera una mezcla de ansiedad y excitación ver todos los que me quedan por leer. Yo siento pudor al decir que he escrito un libro. 

Debe ser porque creo que es un objeto valioso. Algo que deja de pertenecerte cuando lo publicas, cuando pasa de tu ordenador a un puñado de páginas, cosidas y con una portada que lleva tu nombre y el título. Debe ser también por el temor a defraudar a quienes, como voto de confianza en mí, están pensando en comprarlo. 

Tengo tantas dudas que creo que serán cinco las personas interesadas y entonces acabaré regalando el resto, o liberándolos por la Ciudadela, en Pamplona, o a lo largo del paseo que transcurre junto al Ebro, en Logroño. Lo haré cuando nadie me vea... con alevosía y premeditación. Con terror porque nadie lo quiso.




Su título es ¡Continúa caminando! (Keep walking!) y en estos momentos, la ilustradora más delicada que conozco, Lola Castejón, está acompañando mis textos con sus bellos trazos. 

Es un pequeño volumen, que apenas pesa 180 gramos porque espero que viaje en mochila. Sí, la de los peregrinos que hacen el Camino de Santiago. Es un regalo a mi hermano Nacho y a esa experiencia tan básica que es seguir las flechas amarillas y que a mí, personalmente, y a otra mucha gente que he tenido la suerte de cruzarme, ha cambiado.

Así que, retomo este blog con fuerzas renovadas y hoy lo utilizo como una especie de terapia, como pequeño ejercicio de autoconfianza, como un gesto de reafirmación. 

Porque he escrito un libro y debo creer que verdaderamente es bonito. Porque escribir es de las pocas cosas que me conmueven y me emocionan; mucho más, cuando alguien desconocido dice leerme. 

Escribir, escribir... 

jueves, 8 de enero de 2015

Keep running

En los últimos tiempos repito una consiga: 'Keep walking'. La llevo grabada en la mente y en los pies. Sí, continúa caminando siempre, pese a todo, sigue. 

No pretendo abandonarla, pero he comenzado el año convencida de que me hará sentir muy bien repetirme a mí misma otra: 'Keep running'. Repetírmela y ejecutarla, claro.

Corro desde los ocho años porque en mi pueblo nunca ha habido polideportivo ni actividades programadas. A cambio, existen largos caminos, bellos paisajes, dos ríos que se unen, muchos montes y una vega. Es decir que he tenido el mejor escenario para calzarme las zapatillas y correr libremente. Así lo hice durante mi infancia y adolescencia, y he procurado hacerlo cuando he regresado. 

Luego los cambié por el parque grande de Zaragoza, por el que estaba cerca de mi casa en Getafe, por el del barrio del Pilar y por el Retiro y las calles de Madrid. Recuerdo aquellas mañana, bien temprano, cuando subía la Gran Vía y mi imagen favorita, la del edificio de Telefónica, conseguía emocionarme. 

He corrido junto al Ebro, a su paso por Logroño. También en diversas ocasiones, varios kilómetros del Camino de Santiago, sobre todo desde Viana. Pero durante los últimos 12 meses, la pereza me venció. Encontré la respuesta perfecta: 'En Pamplona, hace demasiado frío, llueve'.

Nunca me ha importado el frío ni el calor, tampoco la lluvia. Pero ésa ha sido mi mejor excusa para abandonar una práctica deportiva a la que debo muchísimo. 

Correr supone un tiempo para mí, para ordenar pensamientos y, muchas veces, priorizar decisiones. Correr oxigena mi mente y mi cuerpo. Es fácil caer en la pereza, dejarlo para mañana. Por eso, por vez primera en mi historial de corredora, he participado en una salida en grupo. 

Fue ayer. A las 20.00 horas, puntual, me encontré, en la puerta de la Ciudadela, frente a Baluarte, con el grupo Beer Runners. Confieso que me asusté cuando vi las piernas de los allí reunidos. Y admito que quise llorar y darme la vuelta cuando empezaron y salieron volando. 

Hubo una persona que se dio cuenta y me acompañó. Se llama Daniel y además de ser mi liebre, me explicó los lugares por los que pasábamos. Poco después, se unió a nosotros Eli. Nos esperó y los tres disfrutamos de 45 minutos de auténtico subidón.

Recorrí barrios de la ciudad en la que vivo, para mí desconocidos. Debí seguirles, no me quedó otra porque no tenía ni la menor idea de dónde me encontraba, ni hubiera sabido explicarle a mi chico dónde debía venir a recogerme. Intentaba fijarme si había marquesinas de autobuses para coger el primero que pasara... y lamenté no llevar el teléfono de radio taxi. 

Así que por vergüenza o por miedo, continué corriendo. Ellos bajaron el ritmo y acortaron la distancia, y eso fue clave para mí. Me gané una cervecita como premio y volví a casa, cruzando la Ciudadela, con lágrimas en los ojos: Lo había conseguido.

Corre aunque no tengas ganas. Cálzate las zapatillas y date varias vueltas; hoy puede que sean pocas pero mañana serán más. Y si no encuentras fuerzas suficientes para hacerlo solo, busca un grupo en tu ciudad, seguro que hay más de uno. Correr junto a otras personas hace que te superes, que no te rindas y que compartas la alegría de conseguirlo.

Keep walking.

Keep running.