domingo, 23 de octubre de 2016

Compra local, elige a las personas

Dos meses después, me siento más integrada en Dumfries que lo logrado en Pamplona en tres años. Pero ése es otro tema. 

Dos meses después, he encontrado varios alumnos de español a quienes impartir clase; una piscina pequeñita pero que no me provoca alergia; un compañero de carreras, que es mi casero; una profesora, Carol, y un grupo maravilloso de yoga; uno de jardinería en el que me siento feliz y, sí, por fin, también he encontrado mis tiendas. 

No, no me refiero a moda porque a mí no me gusta ir de compras en lo que a ropa, complementos y belleza se refiere. Adquiero nuevas prendas cuando quizá visito una ciudad y paso por un escaparate o entro a un establecimiento bonito, pero no me veréis hacerlo con alevosía y premeditación. Lo que sí me gusta es comprar alimentos y libros. Eso me encanta. 

Dumfries, pese a ser una pequeña ciudad, pero ciudad al fin y al cabo, solo tiene una frutería. Habéis leído bien: una. Abrió al público no hace mucho tiempo y la regenta una pareja encantadora. Se llama Parry Farm Produce y está en 43 Friars Vennel. El dato práctico no falta no sea que decidáis venir. 




La mayoría va a grandes supermercados como Tesco que, horror, abre 24 horas durante los siete días de la semana. ¡Horror de los horrores! Allí la selección es enorme, pero también insípida y poco sostenible. Un vistazo a las etiquetas y a las bolsas de plástico, porque todo está envuelto en plástico, te brinda un viaje por medio mundo. Casi nada procede de Reino Unido o países próximos. 

Existe, sí, un lugar de calidad excepcional llamado Loch Arthur. Se trata de una granja ecológica que vende lo que produce y que también tiene un agradable café y restaurante. Es necesario el coche y conducir unos cuantos kilómetros, y para mí asimismo es esencial evitar, en la medida de lo posible, las cuatro ruedas. 

Pero volvamos a Parry Farm Produce. El primer día que entré y dije 'Hello', solo eso, me contestaron con una pregunta: ¿Eres española? Ante mi atónita cara, el dueño contestó que se me notaba. En fin, que aquí resulto exótica. 

Venden fruta y verdura de calidad y en la medida de lo posible de productores locales, así como otros artículos (pasta, miel, arroz, especias...), la mayoría orgánicos. Además, cuentan con servicio de entrega a domicilio de caja. Recuperamos, por suerte, la costumbre de Pamplona de recibir semanalmente una selección de frutas y verduras en función de la temporada. Son 5 kilos y una docena de huevos de gallinas criadas en libertad por 14 libras. 

Me gusta especialmente esta propuesta por lo que tiene de sorpresa. No saber qué te entregarán y si conocerás cada producto o tendrás que pensar en nuevas posibilidades. Además, puedes variar el contenido y añadir aquello que necesitas. Les envías un mensaje por Facebook, ellos te responden con el importe y, cuando te entregan el pedido, les pagas en mano. Dado que en los próximos días estaremos fuera, nuestra primera caja la recibiremos el próximo dos de noviembre. ¡Qué ganas!

Facebook o whatsapp. Sí, esta semana también he realizado una compra por whatsapp. Ha sido a mi querida Katixa, de Deborahlibros. Mientras viajaba en el autobús rumbo a mi entrevista en la oficina de empleo, en Glasgow, pensé que ella podía solucionarme un pequeño problema. Pequeño, pero importante.

En mi pueblo no ha existido nunca una tienda con libros. Así que cuando éramos niños, cada vez que mi madre viajaba a Zaragoza, quizá porque tenía que asistir a un curso, volvía con varios del Barco de Vapor y una caja de seis Donuts. Cuando crecí y me marché a Zaragoza, a la Universidad, era yo quien compraba los libros que las dos leíamos. 

Desde entonces, desde los 17 años, he mantenido la costumbre de nutrir la biblioteca familiar. Al trasladarnos a Escocia, creía que esta bonita tradición se vería suspendida, pero no, me acordé de Katixa y le propuse un plan. 

Hace poco más de un año, Katixa, valiente ella, abrió al público una de las librerías más especiales de Pamplona. Le puso el mismo nombre que su blog, Deborahlibros, y lo hizo con su particular estilo. Esto es, nada de libros comerciales, solo 'pata negra', como ella afirma. El gran valor de su aventura empresarial es el empeño que pone en la selección de títulos y sus recomendaciones. Porque ella no lee, ella devora. 




En su blog, mensualmente, cuelga un vídeo recomendando una lectura. Y yo os sugiero a vosotros echarle un vistazo. Descubriréis autores excepcionales y a una lectora empedernida con buen olfato y mejor criterio. 

De forma que viajando a Glasgow, y gracias al wifi del autobús, yo revisé los últimos vídeos y seleccioné algunos títulos. Vía whatsapp debatimos si éste sí o éste no, y llegamos a la conclusión de que a mi madre le encantarán los tres libros que muy pronto le llegarán de mano de Josemi.  

Katixa incluso tuvo la genial idea de imprimir una nota escrita con mi puño y letra, e incluirla en el paquete. En esta ocasión y dado que Josemi está en Pamplona, será él quien los recoja y entregue a mi madre. Pero hemos acordado que el próximo envío lo realizará ella por Correos. Entonces tampoco faltará la nota. 

Sé que cuando mi madre reciba el primer paquete, se quedará sin palabras. Y como ella no lee este blog, será una grandísima sorpresa. 






La compra a distancia no es lo mismo que visitar a Katixa y dejar que me invite a uno de sus deliciosos cafés (aunque luego no duerma). No es lo mismo aparecer en cualquier momento, y posiblemente roja como un tomate tras una de mis carreras, y decirle un 'Solo paso a saludarte', para luego quedarme dos horas con ellas hablando de libros y de la vida, ¡Ay, la vida!. No es lo mismo, pero me hace feliz seguir confiando en mi librera favorita. 

Ella, que leyó mi libro ¡Continúa caminando! pese a no haber hecho jamás el Camino, y me dedicó un precioso post. No solo eso sino que además, me abrió las puertas de su casa para que lo presentara al público. Lo eligió entro otros muchos y lo llevó a su primera Feria del Libro. 

Ella me recomendó uno de los libros que más me ha emocionado en la historia de mi biografía lectora: Solo pido un poco de belleza, de Bru Rovira. 

A mí nunca me han gustado las grandes cadenas y en cuestión de libros, mucho menos. Durante este año escocés, me he propuesto leer solo en inglés y encuentro buenas referencias de segunda mano (¡Y tiradas de precio!) en 'charity shops' como Oxfam. 




También visito las bibliotecas públicas, aunque en cuestión de novelas, necesito un poquito más de tiempo y prefiero comprarlas. Si buscas libros nuevos, aquí, en Dumfries, como ocurre con las verduras y frutas, estás condicionado a la única librería que existe y que pertenece al gigante Waterstones

Dicho esto, compra local en la medida de lo posible y apoya el pequeño comercio. Ayuda a esas personas que han arriesgado y que brindan un valor añadido a tu transacción comercial. Que tu gesto no sea un simple intercambio de mercancías. Que sea una oportunidad para dialogar y aprender. Que sea tu contribución para que la cadena se mantenga. Y que tu compra, además, sea en la medida de lo posible sostenible. 

Compra local, elige a las personas. 

miércoles, 19 de octubre de 2016

Más conversaciones casuales



Desde hace tres semanas vivo acatarrada. Creo que es mi nuevo estado, pero no va a poder con mi energía. Si bien, esta mañana al sonar el despertador, tras el agotador día de ayer y mi primera noche sola en Dumfries, creí que no tenía fuerzas para levantarme. Pero tenía una cita.

Sí, una de esas citas que no entiendes muy bien por qué ni para qué. Claro, que aquí, en Escocia, entiendo el 50-70-80% de la información y, como soy curiosa por naturaleza, no me gusta quedarme sin conocer el resto. Pese a todo, pese a la tentación de inventarme una excusa y mandar un email anulando la cita, me he dirigido a Dumfries and Galloway Wellness and Recovery College

Han sido apenas tres minutos de recorrido porque se encuentra al lado de nuestra casa. En este pequeño intervalo he vuelto a lamentar no estar acometiendo todas las tareas pendientes: escribir varios artículos y buscar información para otros tantos; planificar el viaje de mañana a Glasgow y la entrevista en la oficina de empleo; preparar la maleta para el gran viaje de los próximos días por Escocia e Inglaterra; la clase de español de esta tarde, la de pasado mañana... En fin.  

No solo eso sino que, presumiendo de mi carácter procrastinador, he considerado que la bellísima luz de la mañana era una buena razón para un paseo y disfrutar del color de los árboles. Pero he cumplido. 

El encuentro respondía a mi solicitud de voluntariado en la oficina de The Third Sector. El lunes, acudí a otra cita, en The Food Train, porque me gustaría compartir mi tiempo (escaso, pero valioso) con algunas personas que padezcan soledad. Hasta que comprueben mis antecedentes penales, no lo haré. 

Lo dicho, David, quien me atendió en The Third Sector, consideró que dada mi experiencia docente (esto sucede cuando exageras un poco y creen que llevas media vida en las aulas) podía encajar en algún proyecto de Dumfries and Galloway Wellness and Recovery College. 

He escuchado a Marjory durante más de 30 minutos hablar sobre salud mental y cómo brindar herramientas para una vida más plena. Su trabajo consiste en desarrollar cursos con un objetivo terapéutico. Me ha explicado que las personas que asisten son estudiantes, no pacientes, pero algunos viven o han vivido alguna experiencia difícil: física o emocionalmente. Cuando estaba agradeciéndole su tiempo y buscando las palabras apropiadas para decirle que, quizá, había habido una confusión con mi perfil, algo, no recuerdo qué, ha hecho que nuestra conversación diera un giro. 

He sentido la confianza para poder hablar de los dos abortos que sufrí junto a mi pareja, de cómo me recuperé gracias a la terapia y cómo la escritura fue una de las claves. Es decir, el hecho de analizar mi lenguaje y comprender mis emociones. De cómo me negué a tomar pastillas y encontré en el apoyo de un profesional de la psicología, en el deporte y en el amor la mejor cura. Y así fui capaz de atravesar la tristeza de manera consciente. También la ira, la desolación.

Le he contado que en su día visité la Consejería de Sanidad de Pamplona y expuse la manera tan injusta en la que una mujer que aborta es tratada en Navarra. Quise que nadie más viviera lo que yo viví al tener que viajar a otra ciudad, al no poder dormir en mi propia casa y descansar. Le he expresado mi deseo de, en algún momento, compartir mi experiencia con otras personas que padecen dicho dolor. 

Sí, yo hablo de nuestros abortos porque quiero que cambien algunos aspectos en la sociedad. Quiero que encontremos la manera de nombrar algo que, hoy por hoy, nos cuesta. Quiero que sepamos  (porque es necesario) preguntar con naturalidad, no temer hacerlo porque llegan las lágrimas y resulta incómodo. 

Solo quienes lo han vivido en primera persona saben a qué tipo de sentimientos y reacciones me refiero y cómo entonces resultan reconfortantes las llamadas (y no los emails o whataspp), un café sin hablar, o un paseo sin rumbo fijo. Cómo llegas a creer que eres una rara y prefieres estar aislada que con personas que te animan con frases del tipo: ¡A la tercera va la vencida!

Además, hemos charlado sobre la escritura, sobre mi libro y el poder reparador del Camino de Santiago. En fin, de tanto y tanto, que durante noviembre asistiré a uno de sus cursos, titulado Book Balm, reading for recovery

La vida, que a veces es jodida y otras inesperadamente bella, nos guarda estos encuentros. El poder charlar durante más de dos horas, en inglés, sobre mis sentimientos, sobre lo sufrido y lo vivido, esta vez ya sin llorar. 

He sentido agradecimiento hacia mi psicólogo, Josetxo Zubiria; hacia Rocío, que fue mi mayor apoyo en la gélida -en sentido literal y figurado- Pamplona; hacia mi médico de cabecera, Izaskun, que secundó mi negativa ante las pastillas; hacia mi madre y mi padre, mis hermanos, mis tías; hacia mis suegros y el resto de la familia. Hacia Josemi. 

Después de mi inesperada conversación con Marjory, por supuesto, he paseado por el campus y he agradecido la luz, el rocío de la mañana y el aire puro. Y ahora, procrastinadora, no estoy resolviendo las tareas pendientes, prefiero escribir este post. 












Al llegar a casa, tenía un email de alguien con quien hace tiempo que no hablaba. Él, Vicente, me preguntaba si ya estoy recuperada. Y eso también ha sido un regalo. 

Gracias, vida, universo, por lo bueno. Y por lo malo. También por eso.  

martes, 18 de octubre de 2016

We Love Running Dumfries



I love running. I’ve said in this blog. I love running because I do since I was 8 years old. Maybe I gave up for a period, but then, irremediably, I run again.

I love running but as I’m a indomitable woman, sometimes I go running for 10 kilometres, sometimes only for three or less. The question is keep running!

I love running but I know that because rain, cold weather or darkness in Winter, I become so lazy that I prefer to be at home. I need to join someone, to have an appointment and to go.

For all these things, I’ve created We Love Running Dumfries. Every Monday and Wednesday I’ll be at the Crichton Church. It will be at 5.30 h. The goal is to run or walk during 45-60 minutes.

I mean, we have to start and finish at this point: the Crichton Church. Everyone by his pace. Maybe faster, maybe slower or walking. We can stop, and try a few minutes later.




It doesn’t matter but let’s enjoy doing exercise outside and with other people. It would be nice to wait for the slower ones or maybe make differents groups.

I don’t like the groups only for women or for atheletes. Maybe one day you can go running only 1 or 2 kilometres, but maybe the next week you will be able to do 3, 4, 6… and so on. Or maybe today you run 10 and tomorrow you will prefer to walk.

Let me say that it’s important to listen to our body. Some days we feel tired, what's more a bit sad, and sometimes with all the energy that we could run around the world!!

Yesterday, was our first appointment. I wasn't alone. There were another person and to be honest: I felt so, so happy.




I don’t want to be the leader of 'We Love Running Dumfries'. I don’t want to point the way to follow, I would prefer to do it between all of us. I am a newcomer at town, so, please, I would like to discover with you all the beautiful routes and paths at Dumfries.




Tomorrow, I'll be at the Crichton Church. I wish that more people will join me  and we can (together) achieve go running, walking.






I will be out of town from the 24th October until 2nd November and I would love to know that someone come to the Crichton Church and go running together. Maybe you can share some pic!

We Love Running Dumfries


PD. Sorry for my bad English...

domingo, 16 de octubre de 2016

Juntos, mucho mejor

Según Wikipedia, Dumfries tiene poco más de 31.000 habitantes. Me gustaría saber dónde se meten porque tengo la impresión de que son algunos menos. Es una localidad con el ritmo y la apariencia de un pequeño pueblo aunque, como digo, los datos indiquen que hablamos de una pequeña ciudad. 

En este momento de mi vida, me apetece y siento que es un privilegio habitar en un lugar de tales dimensiones. Y aunque pudiera parecer lo contrario, existen multitud de planes por realizar y conocer a nuevas personas. Por ejemplo, unirse a Incredible Edible Dumfries




Cuando visité Dumfries el pasado mes de diciembre, mientras esperábamos al tren vi un cartel que reconocía la labor del grupo de voluntarios que se encarga de mantener bonitos los jardines de la estación. Entonces, decidí que, si finalmente nos mudábamos, les buscaría. Dicho y hecho.

Hoy, domingo, ha sido mi segunda sesión de jardinería con ellos. Sí, en lugar de quedarme en casa, viendo perezosa cómo caía la lluvia, he cogido los guantes y he bajado al centro. Durante una hora y media hemos limpiado de malas hierbas y hojas los jardines próximos al Teatro Royal. 

Incredible Edible Dumfries trabaja por mantener vivos pequeños huertos y jardines; promover el cuidado y cultivo de frutas y verduras; indicar qué especies crecen en cada espacio y animar a los ciudadanos a unirse, descubrir lo que la naturaleza nos brinda y, por supuesto, recoger los frutos cuando están maduros y disfrutar de todo su sabor y riqueza. 

Resulta gratificante trabajar al aire libre, aunque llueva, así como charlar después en torno a un café. Hoy, hablando con Margaret, Rosie y Jill he descubierto que la gente de este lugar está acostumbrada a buscar y unirse a otras personas con una afición común. Ya sea la práctica de tai chi, caminar durante una hora o cantar en un coro. De hecho, la ciudad está llena de carteles invitando a multitud de actividades. 

De forma que me he sentido animada y he creado mi propio grupo: We Love Running Dumfries



En Pamplona supe que soy tremendamente perezosa a la hora de correr con lluvia, frío y oscuridad. Allí encontré a los Amigos de la Vuelta del Castillo y cada sesión que compartí con ellos fue un chute de energía. Pues bien, me he propuesto conseguirlo aquí. 

Cada lunes y miércoles, estaré a las 17.30 horas en la puerta de la iglesia del campus y si viene alguien correremos juntos durante 45 minutos. Si no, lo haré sola. 

Estoy convencida de que, tarde o temprano, alguien se unirá a mi propuesta. Deseadme suerte. 

Keep running!


martes, 11 de octubre de 2016

Fui una niña feliz

Últimamente (o yo me he dado cuenta ahora) Facebook no solo te recuerda tus publicaciones, en su opinión, 'más especiales' de hace algún tiempo, sino que trae a la memoria también días internacionalmente importantes.

Aunque no suelo prestarle demasiada atención, hoy sí me he parado a pensar en el recordatorio y en todo lo que significa. Porque hoy, 11 de octubre, es el Día Internacional de la Niña. Y yo fui una niña feliz.




Sí, fui una niña sin preocupaciones que no imaginaba violencia, guerras ni abusos porque nunca los tuvo cerca. Yo fui una niña feliz y me horroriza saber que para algunas pequeñas la calma y la alegría no son las notas dominantes.

Fui feliz porque me encantaba ir al colegio. Una escuela rural en la que siempre había algún tonto o tonta que se creía mejor o más fuerte que los demás, pero no imaginaba que podía existir algo llamado acoso escolar.

Fui feliz porque disfruté aprendiendo aunque en las clases de matemáticas sufriera un poco. Levantarme cada mañana e ir al colegio siempre fue motivo de alegría. No conservo ninguna amistad de aquella época, pero sé que fui feliz.

Después, a las 17 horas, tocaba regresar a casa a veces tras esperar pacientemente a nuestros padres, que se organizaban cómo podían. No había móviles para avisar del retraso y tampoco importaba.

Y cada tarde, la misma rutina: tomar la merienda viendo Barrio Sésamo, terminar los deberes en unos minutos y a la calle.

Sí, yo fui una niña que no sufrió ante las listas infinitas de deberes. No lo hice porque las tareas para casa eran mínimas. No recuerdo en qué momento se introdujo en mi vida el concepto examen, pero creo que no fue demasiado temprano. Tampoco me exponía a ellos todos los días. Era algo ocasional y me gustaba estudiar.

Fui feliz y tuve tiempo para aburrirme y aprender a divertirme haciendo mil cosas diferentes. Recuerdo cómo recortaba las revistas y componía inmensos collages detrás de la puerta de la farmacia de mi madre. Cómo pasaba las tardes junto a mi abuelo Juan, cosiendo vestidos para la Nancy o jugando con él a las cartas.

No sentí estrés ni necesité una agenda para anotar a qué día de la semana y a qué hora correspondía cada actividad extraescolar. Sencillamente, nunca fui a inglés ni a natación, tampoco a dibujo. Supongo que dejé muchas cosas por aprender, pero en mi pueblo no había tal posibilidad y, en su lugar, yo fui al río, a los montes. Y también al basurero a buscar cacharritos para 'jugar a las casitas'.

Fui una niña feliz que no celebraba Halloween ni que temía a la oscuridad porque se pasaba el verano y también el invierno en la calle. Justo hasta la hora de la cena. Y el mejor entretenimiento era jugar a llamar a los timbres. Nada de 'truco o trato', llamar y salir corriendo para no ser pillada.

Fui una niña feliz con un par de zapatos para la semana y otros, preciosos y de charol, para el domingo. Cuando tocaba ir a misa, recibir la propina y gastársela en pepinillos y cebolletas en el bar de Isabel.

Fui una niña feliz que corría detrás de sus hermanos mayores y aunque estos le trataran con indiferencia, ella no cejaba en su empeño de perseguirlos.

Fui una niña feliz con unos padres que contaban historias y que organizaban excursiones para disfrutar en familia. Recuerdo, cómo si fuera hoy, aquella en bicicleta hasta Purroy, con apenas un cojín azul debajo del culo y agarrada a la cintura de mi padre. No llevábamos cinturón de seguridad en el coche, ni casco y, a veces, en la moto íbamos los cuatro. Pero nunca sucedía nada.

Fui una niña tan feliz que mis rodillas y codos llenos de cicatrices dan buena cuenta de ella. Tanto tanto que no puedo imaginar el sufrimiento de demasiadas niñas en el mundo.