lunes, 22 de diciembre de 2014

2015, año impar




No me gusta la Navidad y, por tanto, no la felicito. Prefiero pronunciar y compartir otro deseo: ¡Feliz año nuevo! 

Ante nosotros se presentan 12 meses, cada uno con sus días y sus horas, para ser feliz, sentirnos en calma, amar y ser amados. 12 meses para ser estrenados, vividos y para añadirlos a ese maravilloso 'cajón' llamado experiencia. Habrá lágrimas y también carcajadas. Habrá, que de eso se trata, emociones, algunas nuevas y otras ya conocidas.

Comienza un ciclo en el que algunas cosas no cambiarán y otras nos sorprenderán por no estar habituados a ellas. Desde ayer, tenemos más minutos de luz y, poco a poco, llegará la primavera. Y aunque yo siempre he adorado el otoño y el invierno, desde que vivo en Pamplona, ansío que ella llegue. Pronto estará aquí.

Cada vez pasan antes las estaciones. O a mí me pasa la vida con celeridad.

Me gustan los años impares, no guardo el archivo de sucesos memorables que corresponden a ellos, pero me gustan, sin más.

El que acaba ha sido otro período de crecimiento. Me he visto expuesta a viviencias nunca antes experimentadas y he procurado sacar una lectura positiva. Y continuar caminando, paso a paso. 

No suelo escribir listas de propósitos ni siquiera los guardo en mi memoria, porque la vida te va llevando, con frecuencia, por rutas y lugares que no tenías previstos. Me atrevo a recibir lo que está por venir.

Bienvenido 2015:

Nuevo año.
Nueva gente.
Nuevas cosas.
Nueva felicidad.
Nuevos desacuerdos.
Nuevas oportunidades. 

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Un lugar tan bonito





Objetería los días felices. El nombre en sí es precioso. Porque los días son felices o no, muchas veces, en la medida en que nosotros queremos que sean. Los días son, sin duda, más felices cuando nos rodeamos de personas y objetos bellos. Cuando perseguimos, atraemos y proyectamos cosas bonitas. 

Y la apertura de este lugar de la Plaza del Castillo, antes llamado Me quiero vivir, a mí hoy me hace sentir un poquito más feliz. 

Me alegro por Pitxu, que ha puesto el alma y cada minuto de su tiempo en relanzar este barco llenito de su amor por los libros, por el arte, por la poesía. Con arrojo, ahí está ella, que derrocha creatividad, hoy en su primer día, sin apenas haber dormido.




Pitxu, que a partir de hoy se va a llamar Mireia, es una de las personas (de las pocas) con las que he compartido buenísimas conversaciones desde que llegué a Pamplona. No somos amigas pero nos hemos confesado y reído de nuestros miedos, de nuestros sueños. Me encanta cuando me marcho y me dice: 'María, tú ven cuando quieras'. 








Hoy, llueve en Pamplona porque no podía de ser de otra forma, pero sí, aunque suene a tópico, la ciudad es más bonita, tiene más luz gracias a la apertura de Objetería los días felices.

Están los libros con los que yo sueño. Sobre gastronomía, con ilustraciones preciosas para niños y para quienes seguimos siéndolo, poesía, fotografía, arte... Pitxu me descubrió a Jimmy Liao, sin el que ahora no puedo vivir. 

En este rinconcito me encuentro, a través de sus portadas, con amigos como Mario Suárez (Cocina Pop, Cocina Indie, Nueva York Hipster) y Anabel Vázquez, dos grandes que juntos han escrito Madrid, guía vintage




(© Fotos Cyc)


Los regalos más emocionantes que le he entregado a mi amor en los últimos tiempos fueron ideados por ella, por Pitxu.

Así que si alguien lee este post y viene a Pamplona, por favor, que marque y subraye dos veces: 'Visitar  la Objetería los días felices y conocer a Pitxu'. 

domingo, 14 de diciembre de 2014

Es domingo

Siempre me han gustado los domingos. Yo que soy organizada -hasta que me posee el caos...- y que necesito determinados esquemas para sentirme bien, siempre he tenido este día como uno de los favoritos de la semana.

Cuando era niña me gustaba planificar las tareas por hacer, incluso la ropa que me pondría y todas las lecciones que debería asimilar. Ahora, superada precisamente por mil tareas (incluida alguna escolar que me quita el sueño), sigo viviendo el domingo como el día de la planificación. Planificación que, al asomarse el viernes, casi nunca llegó a buen término. No pasa nada, aún así, yo amo los domingos. Y hoy es uno de ellos.

Fuera hace frío. No es raro tratándose de Pamplona. Creo que ya me acostumbré a la lluvia constante y al sol casi siempre escondido. Fuera hace frío, empiezo a tener hambre y fantaseo con dos planes.

Acercarme a la churrería de Carlos III, y preparar chocolate a la taza, o visitarle a ella. 

Ella se llama Orreaga, es decir, Roncesvalles en euskera. Y es la dueña de La Crepería, que lleva más de 20 años en el número 23 de la calle San Gregorio. 

Cada vez que la visito pienso en lo mucho que se parece a Juliette Binoche en esa película llamada Chocolat. Por sus maneras dulces y por la calma que transmite; ella no se altera aunque la fila de personas recorra un buen trecho de la calle. Y es capaz de memorizar cada uno de los ingredientes solicitados, aún siendo las posibilidades casi infinitas.

Me gusta el ambiente de su pequeña crepería. Hay un aroma muy apetecible en el que se mezclan el salmón, los quesos, el jamón, el tomate, el chocolate, el plátano, el dulce de leche... todos los productos que caben en los antojos de personas como yo. 

Verla trabajar tienen un poder hipnótico. En los 'fogones' solo trabaja ella así que sabes que deberás esperar el tiempo preciso que cuesta que la masa esté en el punto más delicioso. Y como lo sabes, te dedicas a disfrutar de la buena música que suena y a observarla. Luego, cuando te entrega tu preciado crepe pasa lo de siempre, que es tal el ansia que te quemas... 

Es domingo, hace frío fuera, pero yo tengo hambre. ¿Churros o crepe? 

lunes, 1 de diciembre de 2014

Mi nueva adicción: la(s) tarta(s) de queso

Lo cierto es que no sé por qué miento y digo una, si son dos. O si me paro a pensar, apenas unos segundos, puedo descubrir que son muchas más. Lo mío con la comida lo tendría que mirar alguien.

Confesaré que, desde que vivo en Pamplona, amo los yogures. Los amo por encima de muchos otros alimentos. Antes apenas me gustaban, claro, porque no había probado los de esta tierra llamada Navarra.

Puedo escribir un tratado sobre marcas, sabores, texturas. Son más naturales que las firmas comerciales, saben de verdad y no tienen colores llamativos. Son un delirio.

Mahala, Señorío de Sarria, Lactuyogur, Goshua... cierro el ordenador, voy a la nevera, y vuelvo enseguida.

Regreso para hablar de mi otra obsesión culinaria: la tarta de queso. Hasta la fecha la de mi hermano mayor, Nacho, era buenísima, pero ahora hay tres nuevas candidatas al número uno de mi particular ránking. Lo bueno (o lo malo) es que solo puedo tomarlas cuando visito Madrid. 

Son la de Muñoca Revival (Juan Ramón Jiménez, 22). Javier Muñoz-Calero ha dado un giro total a su restaurante apostando por la cocina clásica. La estética también ha cambiado y está inspirada en los años 40. 



(© Foto Muñoca Revival)


Yo, que soy una glotona no probé una, probé dos. La de zanahoria y la de queso. Creo que es la receta más cremosa que he probado hasta la fecha. Es una maravilla, y su creador, Javier Muñoz-Calero, no suelta ni media pista de su receta. ¡Hace bien! Aunque yo sería incapaz de copiarla o acercarme a tal exquisitez. ¡Lo mío son las empanadillas!




(© Foto MEATing)

La de MEATing (Villalar, 7). Vicente Lorente, propietario de este restaurante cercano a la Puerta de Alcalá, también tiene su punto glotón. Aunque yo creo que, en los últimos tiempos, lo ha dominado. Pero se nota que es un ex-glotón al verle hablar de sus platos favoritos. Suelen tener mucha relación con su San Sebastián natal y con el círculo familiar, vinculado a la restauración. De la receta de su tarta de queso tampoco ofrece detalles. Tampoco es preciso, lo importante es que sigan preparándola con tanta delicadeza. Y que yo vaya a tomarla. 

Y por último, pero no menos rica, la de La Cesta por Óscar Velasco (Recoletos, 10). La tarta de queso de esta dirección de la calle Recoletos, ahora con barra y una oferta reorientada a platos más informales sin perder la raíz tradicional y el buen producto, también es de diez. Claro que la elección es complicada porque el pastel de frutas (en la foto) resulta otra gran maravilla. 



(© Foto La Cesta por Óscar Velasco)

Ante la duda, siempre se puede hacer como yo: pedir ambas propuestas.