viernes, 21 de julio de 2017

Sobre la muerte (III)


Tercera y última entrega sobre la muerte. ¡Vamos, que ya no falta nada! Pronto vuelvo con temas más divertidos. ¡Lo prometo!

Gabriel Heras La Calle es Médico Especialista en Cuidados Intensivos y creador de HUCI. Él también me dedicó su tiempo, que me consta es preciado, y contestó amablemente a mis preguntas. He querido compartirlas porque suponen una lectura altamente recomendable.  

¿Qué es Humanizando los Cuidados Intensivos?
Es el movimiento pionero de humanización de la Sanidad, iniciado en febrero de 2014 tras una reflexión personal. Se trata de un proyecto internacional de investigación que tiene por objeto hacer de las unidades de cuidados intensivos espacios más amables para pacientes, familias y profesionales. 

A través de la escucha activa, se han desarrollado nueve líneas de trabajo para rediseñar las UCI y convertirlas en HUCI, escritas con H de humano. Se trata de establecer un cambio de paradigma y centrar la atención sanitaria en el ser humano, en las personas. 

¿Por qué no hablamos de la muerte en España? 
Es una pregunta muy buena y a la que seguimos dándole vueltas. Nuestra sociedad es tremendamente vitalista, con una cultura profundamente religiosa y tiene un "estado de bienestar" y unas expectativas de vida que no hay en otras partes del mundo, como en África por ejemplo. 

La muerte es rechazada por miedo, y el miedo no es buen compañero de viaje en ningún ámbito de la vida. Otras sociedades tienen naturalizado este hecho porque ven la muerte más de cerca y como un fenómeno natural. Pero en España hemos medicalizado la muerte, los hospitales no están diseñados para las personas sino para las enfermedades. Es hora de cambiar esta forma de pensar y de hacer, y debemos hacerlo entre todos.

¿Debemos humanizarla?
Por supuesto. ¿Hay algo más humano que acompañar en este proceso? Y para eso hay que entrenarse, formarse y aceptar que el sufrimiento es una parte más de la vida, con naturalidad. 

Facilitar que una persona cierre bien su biografía acompañado de los suyos, si éste es su deseo,  debería ser uno de los objetivos de una sanidad excelente. Pero a nadie nos viene bien morirnos, y la muerte tiene menos marketing que la última tecnología o la cirugía más compleja que pretenda "salvar vidas". 

Los sanitarios no salvamos ninguna, si acaso las prolongamos. Y esto nos convierte en seres humanos falibles y vulnerables, como cualquier otra persona. Acertamos, nos equivocamos, y necesitamos habilidades, es decir, entrenar en este sentido: compasión, presencia, empatía, respeto y escucha. Porque nos enseñaron mucho de lo Bio en la universidad, pero lo Psico-Social quedó en la teoría.

¿Por qué no hablamos de ella antes de que suceda, cuando está cerca o cuando ha sucedido
Porque no queremos sufrir y tenemos miedo. Y es un grave error: al final a todos nos llega de una u otra manera, y sinceramente, es mejor estar preparado y hablar de ello con las personas que nos rodean. Así, no tendrán que decidir por nosotros en una situación de tremenda angustia y sufrimiento, que es una combinación terrible para la persona que sobrevive.

¿Por qué es un tabú?
Eso depende de cada uno. Cada uno tendrá sus motivos. Repito, el miedo no es un gran aliado en ninguna faceta de la vida. Preferimos hablar de temas más sencillos o que no nos pongan en contacto con un viaje interior. Por otro lado, ese viaje interior es lo mejor que puede hacer cada persona en su vida

¿Hablar ayuda? 
Sin duda. Normaliza y tranquiliza. Y te conecta con la sencillez del ser humano.

Desde el lugar del interlocutor, ¿por qué a la mayoría de las personas les incomoda este tema? 
Porque no sabemos qué hay detrás. Además, la vivimos como un fracaso de la Medicina. Y eso son unas expectativas muy grandes: no somos dioses, no podemos arreglar todos los problemas. No estamos entrenados en habilidades en este sentido. Por eso, Proyecto HU-CI ha puesto en marcha una plataforma de humanización en formación en human tools. 

¿Andamos escasos de empatía?
Pues hay de todo. Los profesionales sanitarios somos personas tremendamente vocacionales, pero desde luego si el sistema tiene al 50% del personal "quemado" por algo será, y esto es un grave problema. 

¿Cómo va a cuidar y curar bien alguien que tiene desgaste profesional y que cambiaría su profesión? Tenemos un grave problema en este sentido, y ya es hora de que todos nos cuidemos unos a otros si queremos hacer posible este cambio de paradigma. Necesitamos el respaldo de las autoridades sanitarias y los gestores en este sentido. Un sistema gestionado con H además, es más productivo y desde Proyecto HU-CI estamos empeñados en demostrar que se pueden hacer las cosas de otra manera. Y si, la empatía es una buena aliada.

¿Preferimos mirar hacia otro lado?
Bueno, es que España es el país de "balones fuera": nadie tiene culpa, nadie asume sus responsabilidades y nadie dimite cuando toca. Lo vemos cada día en prensa y lo peor es que no hacemos nada para remediarlo. Vivimos anestesiados. 

Nuestra propuesta es: Y tú, ¿qué puedes hacer para mejorar el sistema? ¿tu vida? ¿tu familia? ¿tu equipo de trabajo? ¿la sociedad?. Se humaniza de dentro afuera, y esos cambios pequeños todos juntos hacen posible un cambio global. Ojalá el cambio en Sanidad sea el motor de cambio para la Sociedad, porque en todos los ámbitos hace falta más H, más personas en el centro.

Este doloroso proceso, ¿sería más fácil si comprendiéramos que la muerte es la otra cara de la vida?
Sufrir es parte de esta vida, como reír, llorar, sentir, emocionarse o enamorarse. Todos estamos hechos de lo mismo, y quizás si buscáramos lo que nos une como seres humanos, en vez de lo que nos separa, el mundo sería un lugar diferente. Comprender la muerte y vivir al máximo hasta el final, y tener la tranquilidad de que hiciste lo que viniste a hacer en este tiempo. Al fin y al cabo, hemos nacido para intentar ser felices.

Confieso que ésta es una de las entrevistas más bonitas que he realizado últimamente. Bonita y necesaria, en mi opinión, tanto como las dos anteriores realizadas a María Leach y a Paloma Rosado.

Gracias por vuestro tiempo a los tres.

Felices días de verano...  

viernes, 7 de julio de 2017

Sobre la muerte (II)

Segundo capítulo de la serie veraniega hablemos sobre la muerte. Quién sabe, quizá las vacaciones y estar relajados sin mucho que hacer o con tiempo libre, sea un buen momento para pensar en ella. 

¡Mira que luego nos pilla por sorpresa!

;-)

La historia de Paloma Rosado no es muy diferente a la de María Leach, de quien hablé anteriormente. Ella también es periodista además de terapeuta gestáltica y rogeriana, y especialista en el acompañamiento de procesos de duelo. Durante años, ha colaborado como facilitadora en el Centrode Ayuda al Duelo Alaia y, en la actualidad, lo hace con la Asociación Luto enColores.



(Foto: Miguel García Castro)

Conozco a Paloma personalmente. Tan solo la he visto una vez, o dos, pero siento que es alguien especial. Superar lo que la vida le puso delante posiblemente contribuyó a que se convirtiera en ello. En alguien muy especial. Ésta es su historia y lo que ha aprendido, que es muchísimo. 

Llamó a la puerta de Alaia cuando falleció su marido. Entonces, Paloma tenía 32 años, hacia nueve meses que se había casado y estaba embarazada de tres. 

“A pesar del enorme dolor, éste no llegó a nublarme la mente, ni a endurecerme el corazón. Fui inteligente y enseguida busqué el apoyo de alguien que pudiera acompañarme en mi proceso sin que se sintiera desbordado ni intentara calmarme con palabras y recetas simplonas”, relata. En Alaia encontró a Marta.

En estos años, Paloma ha entendido que el modo de vida en las ciudades nos aleja de los ciclos de la naturaleza y especialmente de la muerte, que hemos confinado en hospitales y tanatorios. Al mismo tiempo, cree que en lo profundo del ser humano hay una aspiración -a veces apocada y temerosa- a poder aceptar y recibir la despedida que irremediablemente nos visitará algún día. A ello, dice, ayuda vivir conscientemente las pequeñas pérdidas que con el tiempo van llegando: la piel lozana y tersa, el rol de profesional activo y exitoso, las mudanzas, la sexualidad vigorosa, la vista cansada, la energía juvenil...

Esto es, “no acallar nuestros temores sino hablarlos, mostrándonos vulnerables, y escuchar los pesares de los otros, nos ayuda a relacionarnos desde otro nivel, nos reconforta en la vida... y en la muerte cuando llegue. Sí, hablar de lo que duele con la o las personas apropiadas y en un clima de aceptación y no juicio sana las heridas”, añade.

“El duelo es un tránsito, no un estado en el que instalarse. Es un proceso que puede incluso desembocar en el hallazgo de un sentido profundo y personal al dolor. Hay que tener presente que no es una enfermedad, es dolor, dolor por haber perdido a un ser amado y que ante esto lo natural, lo sano, lo adaptativo es llorar, suspirar, enfadarse, languidecerse... Lo importante es que en esta 'circulación emocional' nada se pare. Que no haya atascos que impidan el empuje del 'enganche' a la vida. Ése es el riesgo: que aparezcan la negación, la victimización o la congelación”, afirma. 

A ella también le pregunté por qué cuando alguien cercano ha perdido a un ser querido cuesta tanto acercarse a él y escucharle. Y me dijo que ver el pesar del otro nos sitúa, de algún modo, ante nuestra flaqueza y ante las pesadumbres que pueden aparecer en nuestro horizonte en cualquier momento. 'Nos hablan de lo nuestro' porque los seres humanos, a partir de los 5 años, estamos preparados para ponernos en lugar del otro gracias a la empatía. Así que, me explicó, en el tema de la muerte generalmente vivimos con la pauta de: aquello a lo que no miro, no existe. 

Quise saber, además, su opinión acerca de la falta o no de empatía en la sociedad actual. Su respuesta fue un depende. "En el mundo del acompañamiento del duelo yo he encontrado mucha empatía, aceptación, no juicio, paciencia... Si hablamos de la sociedad en general pues andamos escasos de empatía y otras cualidades y valores. Aunque yo que soy una fan de los estudios de Steven Pinker (psicólogo evolucionista de Harvard) siempre tengo presente sus investigaciones. ¿Un ejemplo? en 1950 el conflicto armado medio mataba a 33.000 personas. En 2007 menos de 1.000. No hay que cantar victoria pero... ¿estamos mejor o peor?", argumentó

En relación a la pérdida vivida en edad infantil, asegura que los niños de entre 3 y 9 años viven la muerte como la viven sus padres. Unos padres bloqueados por la muerte, dejarán en sus hijos esa huella aunque no hablen de ello. En cualquier caso, cuando un niño pregunta acerca de la muerte, cuando saca el tema, hay que darle una respuesta sincera.

Además, recordó las palabras del profesor de Educación, Agustín de la Herrán: "la cultura que no valora la muerte, no valora la vida (…) y el tabú que envuelve este tema se refleja ineludiblemente en la educación como si así estuviéramos protegiendo a los niños/as cuando lo que realmente estamos haciendo es impedir que se vayan enfrentando a pequeñas dosis, a las situaciones difíciles o críticas por las que, ineludiblemente, todos pasamos más tarde o más temprano. Llevar esto a la educación no es nada más que facilitar el espacio para que los alumnos expresen en momentos de sufrimiento, dolor o fracaso".

Cuando no sepamos reaccionar ante la muerte, busquemos a las personas adecuadas. Paloma es una de ellas. 

Y es alguien muy especial.