miércoles, 20 de julio de 2016

También esto pasará

Verdad verdadera. Creedme.

Como cierto es que suelo elegir los vinos por la etiqueta y multitud de libros por el título y el diseño de la portada. A veces acierto, otras no.

El título de la novela de Milena Busquets, También esto pasará, me atrajo desde el primer momento. Desde que supe de ella gracias a las entrevistas en prensa, desde que lo hojeé en alguna librería. Pero no lo compré. No lo hice hasta que el otro día, María (que para mí siempre será 'la francamente'), me dijo: 'Cómpratelo ahora mismo'. Y mis pasos me condujeron a la primera librería que encontré.




Subí en el metro y durante unos minutos, contemplé la portada, pensé sobre el título y lo que podía tenerme reservado aquella lectura. Días después, al concluirlo, supe que los libros, como las conversaciones, a veces no son casuales, llegan a ti porque era el momento. Y en éste yo necesitaba volver a confiar en que, efectivamente, también esto pasará. 

Pese a ser un libro breve (176 páginas) no lo devoré. Viví algo parecido a la lectura de Intemperie de Jesús Carrasco. Cada línea condensaba tanto que temí una sobredosis de emociones. Y reservé apenas unas páginas para cada ratito de playa, en ese paraíso llamado Almería. Al leer la última palabra, al llegar al punto y final, comencé a llorar de tal modo que aquellas chicas de la toalla de al lado, me miraron perplejas. 

También esto pasará me ha tocado el alma porque aborda la relación de una hija y una madre cuando ésta ha fallecido. Cuando no hay marcha atrás, ni se puede remediar lo irremediable. Cuando lamentas más que nunca haber dicho o no haber dicho, haber hecho o no haber hecho. Supongo que la tormenta de sentimientos y culpa debe ser así, no lo sé porque no he sufrido una pérdida similar. 

La prosa de Busquets me ha sorprendido porque no se anda con rodeos. Es directa y afilada. Como la puta realidad. Sí, la puta realidad. 

Y claro que pasará la ansiedad y el miedo que me atenazan ahora que la mudanza número 11 está aquí, ahora que mi entorno familiar vive un nuevo tsunami... También esto pasará como antes lo hicieron otros temores y preocupaciones.

Además, desde ya me aplico aquello que alguien tan sabio como David compartió ayer conmigo: 

La depresión es un exceso de pasado
la ansiedad es un exceso de futuro
y si no estuviéramos un poquito locos no podríamos soportar el momento presente

Y añado: 

Keep walking!

jueves, 23 de junio de 2016

The Edible Camino

Hace tiempo que no escribo. Necesitaba encontrar un buen motivo para hacerlo y una visita inesperada me lo ha brindado. 

No es la primera vez que afirmo que, gracias al Camino y a Check In Rioja, he podido conocer a personas con las que, de otro modo, nunca hubiese contactado, charlado y creado un vínculo especial.   La mayoría regresa de forma inesperada, a través de un mensaje o, incluso, en persona. Y yo me siento muy afortunada.

Ayer volví a encontrarme con Tomer y Courtney. Él es de Israel y ella de USA, ambos estuvieron en el albergue hace dos años, en dos ocasiones. Y es que recorrían el Camino hasta tres veces, en tres estaciones diferentes. ¿Por qué? Por un interesante proyecto, The Edible Camino: A Pilgrim's Guide, sobre el que yo incluyo unas pinceladas en mi libro, ¡Continúa caminando!.




Hace apenas tres días, recibí una gran sorpresa cuando pasaron por Check In Rioja, le pidieron mi teléfono a mi hermano y me llamaron. Ayer nos encontramos, e intercambiar nuestros libros fue muy emocionante. Y es que, cuando nos conocimos, acariciábamos el sueño de publicarlos, pero ni ellos ni yo sabíamos que lo lograríamos. 

The Edible Camino: A Pilgrim's Guide es altamente recomendable para quienes sienten pasión o curiosidad por la botánica y, claro, por el Camino de Santiago. Recoge los hallazgos de esta pareja a lo largo de los kilómetros que separan Saint-Jean Pied de Port y Santiago de Compostela. Es decir, frutos y frutas, hongos, hierbas y raíces silvestres y comestibles. 





Caminaron con los ojos bien abiertos y sin prisa alguna. Necesitaban observar, fotografiar y recolectar. Luego, ya en el albergue, documentaban y registraban imágenes e información y, sí, también ideaban y cocinaban deliciosas y originales recetas. ¡Todavía recuerdo aquella rica tostada de queso, higos y mostaza silvestre que tomamos en Check In Rioja!

Ambos han realizado un trabajo exhaustivo y han invertido energía física al caminar cargados con el ordenador y algún que otro libro. Se han ocupado de la edición y también han realizado los dibujos que acompañan a cada entrada. Courtney es la autora de las delicadas ilustraciones. 




(© Fotos The Edible Camino)


Y ahora, por si esto fuera poco, recorren los kilómetros que tantas veces siguieron, paso a paso, en un coche con el maletero cargado de libros y con el objetivo de difundir su trabajo. 

A mí, que me fascinan ambos asuntos, botánica y Camino, me ha encantado esta pequeña joya. Sé que volveré a 'perseguir' las flechas amarillas, será antes o después, y lo haré con la guía de Tomer y Courtney bajo el brazo. Porque, efectivamente, el peso es una cuestión clave, pero su libro bien merece prescindir de un par de calcetines... 

The Edible Camino: A Pilgrim's Guide se puede adquirir a través de Amazon.


Keep walking!

martes, 17 de mayo de 2016

¿Conversaciones casuales?





Posiblemente, en este 'mini-espacio' he confesado mi debilidad por los cuadernos, bolígrafos y lápices de colores. Si un psicoanalista me leyera, diría que tiene que ver con mi infancia. Y así es. 

Cuando era pequeña viví en Arándiga, un pueblo tan pequeño que por no vender, no vendían ni el periódico. Y aunque mis padres viajaban y nos traían donuts (que religiosamente nos repartíamos, dos para cada hermano), caramelos de la vaca lechera (que creo solo me gustaban a mí) y libros del Barco de Vapor (que devorábamos en un 'pispas'), el material escolar se resumía en un lápiz, una goma de borrar y, un poco más adelante, en un boli bic. 

Cuento esto porque llevo unos días pensando en mi infancia, tema recurrente en mis recuerdos. Señores psicoanalistas, no hace falta que me digan el porqué. Cuento esto, además, porque recuerdo mi última visita a mi papelería favorita de Barcelona: Raima

Y si hay algo que me gusta especialmente de este lugar son las personas que allí trabajan. De hecho, la descubrí gracias a que en mi visita, hace un par de años, a Konema, en Rambla de Cataluña, 43, quien me atendió me dijo que no podía abandonar la Ciudad Condal sin conocer la tienda madre, situada entre la Plaza de Cataluña y el Barrio Gótico.




En mi última visita volví a entusiasmarme con las casualidades, con esas conversaciones espontáneas que te hacen pensar. 

En apenas un ratito, disfruté de la compañía de una mujer que me demostró sentir pasión por su trabajo. En apenas unos minutos, mientras yo elegía los lápices de colorear para el cuaderno de mandalas que me regalaron Rocío y Sergio, charlamos sobre el presente y la situación laboral que nada tiene que ver con lo que imaginamos; sobre el matrimonio y las segundas partes; sobre la infancia y el lujo que, entonces, suponía tener un boli de cuatro colores.

Casualidades, poco tiempo después, Josetxo Zubiria, el psicólogo que me ha ayudado durante un buen puñado de meses, me regalaba a modo de despedida un boli de cuatro colores. Eso sí, nada de los clásicos rojo-negro-azul-verde, éste es morado-rosa-verde manzana-azul celeste.

Dejadme que vuelva a aquella conversación en Barcelona, en mi librería favorita y con esa mujer desconocida. En apenas unos minutos, nos reímos, nos deseamos suerte y ella, cuya verdadera profesión y vocación es pintora, me dijo que no hay nada imposible, que era yo quien creía no ser capaz de pintar. 

No recuerdo tu nombre, aunque creo que me lo dijiste, pero en mi próxima visita a Barcelona, a Raima, te prometo que me compro el 'artilugio' para pintar con acuarela en mis cuadernos. Y así en las tardes de oscuridad que están por venir, recordaré las conversaciones casuales. O que suceden porque era necesario que así fuera. 

Gracias, vida, por estos encuentros.