domingo, 19 de enero de 2020

Tengo un plan

Algunas personas de mi entorno, tiemblan literalmente al escuchar esta frase.

Tengo un plan, pero me gustaría compartirlo y conocer impresiones. Aunque cuando a mí se me mete una idea en la cabeza... Soy incluso kamikaze.

Tengo dos ideas para dos libros. Una me exigiría un tiempo del que no dispongo ahora. Me gustaría entrevistar a neurólogos, neurocirujanos, psicólogos como Ángel, familiares y personas que viven con, sufren padecen Parkinson. Me encantaría contar todo lo que rodea a la vida con esta enfermedad, incluso realizar videos... Pero ahora no tengo tiempo. Que conste que a esta idea le doy vueltas desde hace más de dos años. Tengo anotaciones e incluso me atreví a compartirla con algunas personas.

La segunda propuesta es más fácil. Creo.

Este blog cumplirá diez años en octubre. Ha sido mi diario, me ha conectado con muchas personas, me ha reencontrado con otras y analizarlo es entender mi propia vida. Con alegrías, embarazos, abortos, viajes, vidas en diversos lugares, caminos, muertes.. Muchas emociones, en definitiva.

Y me gustaría conocer vuestra opinión. Es importante para mí.


sábado, 11 de enero de 2020

Aroma a melocotón


En estos momentos estoy en la gloria. En la gloria y en un banco de un parque de Manzanares el Real. Hasta aquí llegué caminando 25 km desde la estación de Tres Cantos. Porque al inicio de este nuevo año, una vez más, deseé caminar... Y lo he hecho. Hoy, al menos, mañana, ya veré porque naturalmente (en mí) tengo LA ampolla.

Y yo cuando camino recuerdo. Miro atrás, a lo lejos que está Madrid y sus torres, y a lo lejos que quedan algunas partes de mi vida.
Y de esa vida si hay una etapa que recuerdo, una y otra vez, es la infancia. 

Hoy, no sé porqué, pensé en quienes han influido en mi educación. Indudablemente, mis padres, pero también maestros y maestras, profesores y ellas, también muchas profesoras.

He repasado mi escolarización, de principio a fin, y a mi mente ha vuelto el aroma a melocotón de Amparo. 

Ella fue mi profesora de inglés en el instituto. A mí siempre me gustó ir a clase, atendía porque casi todo me interesaba, pero alguna que otra vez, por supuesto, me evadí. Entonces reparaba en por ejemplo el pelo de esta mujer. Siempre corto.

Me gustaban sus clases, su estilo y forma de actuar. Me encantaría saber cómo se encuentra y si sigue oliendo a melocotón. 

Movida por la curiosidad, le debí decir que me encantaba su colonia y me dio la respuesta que yo quería: se trataba de un aceite de The Body Shop que ella mezclaba con su crema corporal.

Amparo no sabe que, cuando abandoné el instituto y me trasladé a Zaragoza, busqué su aroma y lo usé durante años.

Algunas personas resultan importantes por enseñarnos y educarnos, y por mucho más.

miércoles, 1 de enero de 2020

Cuando éramos jóvenes y (algunos) heavies

Llegué al pueblito bueno el pasado 22 de diciembre. Creo que la última vez que estuve tanto tiempo tenía 20 años. Y no hemos discutido, bueno aún quedan unas horas para que me marche. Todo es posible.

Hoy me duele la cabeza. Menos mal que bebí cerveza... Anoche, salí y besé a medio pueblo. Si no besé al otro medio es porque se quedó en casa.

En mi pueblo, en Arándiga, existe una tradición realmente bonita. Las uvas se toman en la plaza del ayuntamiento. Olvidé cuándo fue la última vez, supongo que cuando tenía 20 años. Pero ayer Ana insistió y subí. Reconozco que salí de casa, llegué a la puerta del vecino y volví. Ella debió verme por algún agujerito y me escribió de nuevo: 'Venga, deja la pereza en el sofá'. Subí y besé a medio pueblo.

Y después en el bar recordé la infancia. Yo y la nostalgia... Recordé cuando los chicos y chicas de mi pueblo eran heavies, llevaban melenas y hacían un ruido insoportable con sus motos. Creo que nunca ninguno de ellos se estrelló.

Recordé cuando yo me colgaba de los remolques y también lo grande que me parecía el bar que siempre, para mí, será el Coticos.

Vi a mi abuelo Juan, al fondo, junto a la chimenea. Y me sonrió con la cara de pícaro que de él heredó el tío Carmelo.

Vi a la Isabel (en Aragón usamos artículo, sí y no somos paletos) ponerme una coca cola de 25 pesetas. Pensé en que los botes de pepinillos y cebolletas me parecían, como el bar, enormes. Y en que la estantería en la que estaban los bang bang era la séptima maravilla. Cuánta azúcar tragué bomba va bomba viene...

Pensé en algunas personas que ya se fueron, y en que en 2020, que ya está aquí y que hace tiempo me parecía súper marciano, cumpliré 43. Y me gustó besar a medio pueblo.

Al despedirme, David me dijo que donde está nuestra infancia están nuestros orígenes y a ellos, tarde o temprano, necesitamos volver.

Yo regreso pronto...

Por cierto, ayer, en mi pueblito bueno, encontré el banco más bonito. Ayer, en el Peñueco y junto a quien me hace feliz aunque a él ayer no le besara.