jueves, 24 de septiembre de 2020

50 años


Mi madre dice que no es tan complicado cumplir 50 años junto a una persona. 

Mi padre, sin embargo, señala que sí, que sí es complicado.

Y lo divertido de esto es que la guerrera siempre ha sido mi madre, la indómita y la inconformista. Mi padre casi nunca se cabrea. Yo en los últimos tiempos lo he visto dos veces: dejó de hablarnos, a ella y a mí. Y nosotras no podíamos dejar de reírnos. En eso cada día me parezco más a ella. Yo, cuando me pongo nerviosa, me río sin sentido. Lo cual... si es delante de alguien, aún cabrea más.

Bueno que me desvío.  

Mi padre y mi madre mañana deberían volver a Soria, a San Saturio. Mañana o el sábado, que lo mismo es. Deberíamos acompañarles quienes formamos nuestra pequeña familia y comer rico en un buen restaurante. Somos de pueblo y nos gustan solo los buenos restaurantes. Además, como dice mi madre, ella hace mucho que no va a uno. 

Bien, comerán la tarta de limón y coco que ahora mismo prepara mi madre. Porque, como me ha dicho: 'O me la preparo yo o no tengo tarta'. Se queja, pero una de las formas en las que nos demuestra su amor siempre ha sido a través de la cocina. Yo lo he aprendido así: alimentar y cocinar para los tuyos es un acto de amor. 

Cancelado el plan soriano, perpetramos otro. Pero tampoco lo celebraremos con una gran mariscada, en la terraza, separados y al aire libre. No, porque la situación es la que es y cada uno estamos en un lugar diferente.

Mañana hace 50 años que mi madre y mi padre se juraron fidelidad, amor, cariño y otras cosas. Mi madre llevaba un ramo de dalias amarillas. A mi madre le gustan los símbolos aunque no lo diga. O ni siquiera sea consciente de ello. 

Y yo cada vez me parezco más a ella. Tanto que sin pretenderlo elegí para mi boda un vestido del mismo color, o casi, que el suyo. Yo, más indómita si cabe, no llevé dalias. Ni dalias ni nada. No entendía eso de llevar unas flores en la mano. ¿Para qué? 

Ayer, mi padre se puso malo. Y esta mañana me ha contado que mi madre lloraba, le acariciaba la cara y le decía que sentía si a veces le trataba mal. Se lo acabo de decir a ella y, como siempre, lo ha negado. 

'¿Yo... asustarme? ¡Para nada! '

Os digo yo que sí se asustó. Aunque lo niegue. 

También me ha dicho que no se me ocurra escribir nada en internet sobre ella, que tiene mal el corazón y se emociona demasiado.

Mamá, me gusta que te emocione leerme. 

Por si no te lo he dicho suficiente: te quiero.

Y al papá, también. Aunque tu digas que da mucho mal... 

Feliz aniversario.




miércoles, 9 de septiembre de 2020

Querido Miguel

Me gustaría escribirte una carta. 

Y decirte que el pasado domingo fuimos a Arándiga, y al despedirnos de mi padre, nos dijo:

- 'Buen viaje, hijos'

Miré a Josemi, a tu hijo, y le dije:

- 'Te ha llamado hijo'

A lo que respondió:

- 'Ya, es una forma de hablar'.

Recordé aquel texto que escribí hace unos meses en el que contaba que cuando en nuestra boda dijiste que eras mi padre, no me gustó. Ojalá pudieras volver a decírmelo, Miguel.

Hace un año que te fuiste. No sé a dónde porque yo no tengo muchas opciones en este tema, pero lo que sé es que físicamente llevamos un año sin ti. Nos acompañas todos los días, te lo prometo. Aunque a mí las lágrimas me salen menos, han dejado de salir. Y eso está muy bien. Está bien que la tristeza dé paso a un recuerdo bonito, a todo aquello que compartimos en vida.

Cada vez que voy a La Cautiva a tomar una cerveza pienso que allí fue el último lugar en el que te vi. Todavía no he perdido el sonido de la voz. Incluso, vuestra casa guarda algo de tu olor. 

En este año, Miguel, han pasado muchas cosas. Demasiadas, no sé, muchas, en definitiva.

Operaron a Ignacio. Te recordamos entonces, en el hospital, porque sabíamos que tú hubieses estado mañana y noche. Con respeto, como siempre hacías, pero no nos hubieses dejado solos. 

Mi padre sigue caminando y sigue echándote de menos. Tiene la ilusión de emprender su último camino este otoño. No sé, no sé... 

Porque en estos doce meses de tu ausencia el mundo vive en vilo a causa de un virus. Tú te lo hubieses pasado pipa. Seguro que hubieses dado la batalla en todo aquello que pudieras aportar. 

Josemi echa de menos más que nunca vuestras conversaciones profesionales, ésas que a mí tanto me aburrían. Josemi te echa mucho de menos, eso no hace falta que te lo diga. 

Han pasado más cosas y algunas buenas. Hace tres meses recibimos a Lala, una perra de aguas que te hubiese encantado. Aunque tú preferías a los gatos, Lala te hubiese chiflado. Nunca te hubiese sacado los dientes como la malota de Kika. 

Mañana, cuando nos llamaron y marchamos corriendo a Bilbao de madrugada, me gustaría recordarte con un pequeño ritual. Pero Josemi no quiere estar porque dice que mis cosas de seres de luz le ponen triste. 

Bueno, te pensaré durante todo el día...

Quizá tan solo escuche en tu memoria la canción de Drexler


domingo, 6 de septiembre de 2020

Sarna con gusto


No pica. Estoy agotada. Y lo estoy de hacer conserva. Anoche estaba tan cansada que tuve que darme una ducha caliente y tomar un paracetamol. 

Desde hace años, aguardo a finales de agosto y principios de septiembre para venir al pueblito bueno, Arándiga, y preparar conserva para otro confinamiento.

Esta vez, no lo decidí hasta el último momento porque me ando con cautela a la hora de visitar a mis padres. Yo sigo bastante asustada con el covid. Pero finalmente vine. Y ha sido un regalo. 

Ayer madrugué y durante tres horas busqué moras. Me acompañó Frida. Lala estaba con Josemi, ella no está para muchos trotes... Buscamos moras, disfrutamos del olor a hinojo y a higuera. Del canto de los pájaros, del rumor de las acequias. Fue maravilloso porque coger moras tiene algo de meditación. Primero te pones nerviosa ante tantas moras, pero al tiempo, te calmas y coges con tranquilidad. Me gusta coger moras. 

Al ir a por ellas, muy temprano, me encontré con la madre de una amiga y me dijo lo que me dice cada año: Ay, la tía de las moras!! Me gustó esa exclamación porque hemos perdido la cuenta de los finales de verano que me ha visto cumplir con el ritual.

Recogidas, lavadas y puestas con azúcar. Mientras tanto, hice tomate frito y mermelada de higos. 

Me gusta esta tradición. La entiendo como una introducción al otoño y al invierno. Preparar alimentos para los meses fríos. 

Lo mejor del finde ha sido compartir las horas en la cocina, separados, con mascarilla y con la ventana y puerta abiertas, con mis padres. Nos hemos ayudado en el trasiego de botes, darle a la manivela de la máquina llamada 'tomatina', llenar botes, ponerlos al baño maría... 

Entre tarea y tarea, hemos charlado de cuestiones muy importantes. En mi familia hablamos de lo importante como si nada... Hablamos de enfermedad, de finales, de principios... 

Gracias, vida, por tanto y tan bueno. También por los paseos por el río con Lala y Frida, que poco a poco se van conociendo.