lunes, 8 de agosto de 2011

Días intensivos

Cuando trabajas en agosto y sucede en una ciudad como Madrid, cabe la posibilidad de disfrutar de la llamada jornada intensiva, al menos, de dos formas.

Una: entregarse a esas siestas cuya consecuencia inmediata son noches en vela en la cama, escuchando el sonido de algún mosquito que se coló en la habitación, o en cualquier terraza de la geografía urbana.

Dos: echarse a la calle pese al calor (que este año llega y se va por arte de birlibirloque) e iniciar una ruta que lleva de un museo a otro, de una exposición a otra.

Yo me quedo con la segunda.

Fundamental, pese al elevado número de público y consiguiente ruido en la sala. Es la muestra de Antonio López en el  Museo Thyssen (Pº del Prado, 8. www.museothyssen.org). Son fascinantes sus retratos de la majestuosa y sencillamente rutinaria ciudad que habitamos, e impresionantes otras obras como Nevera nueva, pura cotidianidad sin trazos definidos. En directo emociona, y mucho. 


Sumamente reales y, sin embargo, parecen fotogramas de esas películas pertenecientes a otras épocas. Con sus personajes, claro está, que adoptan el papel que dicta el guión. 


Son las fotografías de Cristina García Rodero, en la Sala Picasso del Círculo de Bellas Artes (Alcalá, 42http://www.circulodebellasartes.com/). Su título lo dice todo: Transtempo. La primera española miembro de Magnun propone un recorrido visual por las tradiciones y vidas de la Galicia más inusual. De visita obligada...


Y reveladora es la colección de instantáneas de Eugène Atget reunidas en la Fundación Mapfre (Pº de Recoletos, 23. www.mapfre.com). Suponen un experimento con ese don a veces tan ansiado como el de la ubicuidad. 


Y es que sin moverse de la sala, caminando tan sólo los pasos que distan de una fotografía a otra, te trasladas al viejo París. Ése que, dicen, fue y sigue siendo realmente bello; yo todavía no lo visité, pero en esta tarde de agosto, en la que exprimo un día intensivo, lo recorrí e incluso me encontré con el protagonista de Midnight in París


Sí, ahí estaba la Escalinata de la Iglesia de Saint Etienne du Mont y Rue de la Montagne Sainte, que Atget fotografió en 1903 y en la que el personaje de Woody Allen esperaba sus mejores noches... 

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