lunes, 31 de marzo de 2014

Agurcho Iruretagoyena, belleza inclasificable





Existen espacios inclasificables pero consagrados a la belleza. Pocos son del nivel de Agurcho Iruretagoyena (www.agurchoiruretagoyena.es). Hay mujeres cuya elegancia innata les hace lucir una mezcla de joyas imposible en otras. Es cuestión de clase, de elegancia y de naturalidad. Ellas son Agurcho e hijas, Terese y Leire. Y yo hoy he decidido sentenciar doblemente. 





No es una joyería ni una galería o anticuario al uso. Es un poco de todo eso y algo más. 

Siguen una línea y concepto muy claros: reunir aquellas joyas que más aman. No atender a modas y, dado su fino sentido estético, adelantar lo que, sin duda, vendrá.

Además, fueron precursoras al introducir los delicados aromas de la firma Dyptique en el norte de España. Se pueden adquirir velas, ambientadores de hogar y perfumes. Porque ellas tienen claro que la atmósfera, el lugar en el que se vive también puede embellecerse aromáticamente.







Son muebles, especialmente del XVIII y XIX francés e italiano; pintura y escultura antigua y contemporánea, y joyas antiguas que adquieren en subastas, de herencias y de infinidad de viajes por todo el mundo. Les maravillan los broches de bichos porque, dice Terese, imprimen un estilo más desenfadado. 






Las hay también contemporáneas, por ejemplo, las de la firma balear Mayoral. Además, en Agurcho Iruretagoyena también tiene cabida el arte en forma de exposiciones. La última ha sido con motivo del 15º aniversario y, precisamente, la ha protagonizado un escultor navarro por el que ella apostó en sus inicios. No es otro que David Rodríguez Caballero.

Les fascina la mezcla con sentido común, la policromía y esa virgen única del siglo XIV cuyo carácter único reside en el material en el que fue tallada: alabastro y no madera.




(© Fotos A.I)

Agurcho, Terese y Leire son tan especiales como su tienda. Ellas, que lucen una mezcla de joyas que nadie podría vestir con tal naturalidad, dicen que no les gusta levantar barreras por el precio y que les fascina que nuevas caras entren en su espacio y disfruten de un ratito de tanta delicadeza, de tanta belleza. Casi magia.

lunes, 24 de marzo de 2014

Yo como los pinchos sentada. He dicho

No me gusta ir de pinchos. Aunque por mis venas corra sangre riojana me estresa ir a la calle Laurel o San Juan, en Logroño, y tener que esperar, hacerme sitio, pagar, beber con prisa porque 'vámonosaotrositioya'. Y mira que Pedro y Óscar siempre me lo ponen fácil y ellos piden, traen, esperan... No me puedo quejar pero no me gusta ir de pinchos y punto. Me impaciento.

A mí me gusta sentarme. Sí, y comer pinchos, un menú completito o lo que sea, pero sentada. Sin prisa, con un antes y un después, y claro, entre medias, un durante sabroso.

Por eso, en mi última visita a San Sebastián me sentí feliz al ocupar una mesita de Zeruko (www.barzeruko.com). Y dije sin medias tintas: 'Queremos el menú degustación de pinchos'. Mientras, los que sí adoran ir de pinchos se agolpaban en la barra y elegían de aquí y de allá. Seguro que todo les supo a gloria, como a mí que fui de pinchos sentada.

Degustamos ocho especialidades, pensadas, repensadas y elaboradas con técnica. Con eso y con mucha imaginación y buen producto.



La hamburguesa de chipirón con miga de pan muy pero que muy negra. Y esponjosa y riquísima. El sésamo y el wasabi le ponían el punto perfecto.





Más chipirón. Esta vez en forma de rosa.




Brasas, con su humo y aroma, para terminar de preparar el bacalao.



(© Fotos Zeruko)


Y un postre que parecía arroz a la cubana. Cítrico, cremoso, suave... bueno, hasta que probamos el corazón de esa flor amarilla que te provoca sensaciones algo raras... Pero había que probarla.

Yo como pinchos sentada. He dicho.

lunes, 17 de marzo de 2014

Barcelona, café y flores





Quiero volver a Barcelona. Despertar en un hotel y pasear hasta ese espacio, de reciente apertura,  llamado Jaime Beriestain (www.beriestain.com), como su propietario. Mirar y admirar, con mucha calma, no perderme ni un detalle de todo lo que esconde este multiespacio. Que también tiene café y restaurante.




Fijarme en los muebles vintage, de los 60 y 70, que fueron adquiridos en alguno de sus viajes y luego restaurados. 

Desear que mi casa esté en Barcelona para llevarme un ramo de flores y, sí, también, echar un vistazo a las revistas extranjeras y otros libros interesantes. Y claro, tomar algo rico para desayunar, comer o cenar... 







(© Fotos JB)

 Necesito volver a Barcelona.

martes, 11 de marzo de 2014

Comer con conciencia

No me gusta ir de compras. Entiéndase que no disfruto mirando ropa, zapatos, complementos... pero, eso sí, déjame un ratito en una librería o en una tienda de comida, y seré feliz.





En Madrid, me fascinaban los viejos ultramarinos de nuestro barrio, Chamberí; en cualquier ciudad que visito, es parada obligatoria su mercado de abastos y las tiendas gourmet. La culpa es de mi madre... Si hay mar, la lonja no se escapa. 

En Pamplona, el tiempo pasa sin darme cuenta en el Mercado del Ensanche y también en Lurkide, la tienda ecológica en la que semanalmente hago la compra. 

La oferta bio en esta ciudad es extensa. Queda claro que a los navarros les gusta la buena mesa y se toman muy en serio saber que los alimentos que se llevan a la boca son de calidad. Eso y que tienen nombre y apellidos.




Lurkide es un espacio pequeño regentado por Héctor. No es un gran escaparate con infinidad de artículos. Por ejemplo, no tiene cosmética, tan sólo comida, esencialmente, verduras y frutas de temporada. Por eso, no se encuentra de todo porque, si atendemos a las estaciones, no puede haber de todo. Así fue en el pasado y así debería seguir siendo.

Forma parte de una cooperativa que es la unión de varias tiendas y agricultores que desean que sus mercancías lleguen directamente al consumidor. El precio, por tanto, es más económico porque se ahorran intermediarios.

El lugar de origen es principalmente Navarra. Aunque, los limones y las naranjas, claro, no son de aquí.

Huevos, legumbres, pan y también alimentos envasados como aceite, zumos, infusiones, azúcar, algas... También quesos, yogures, mantequilla y carne. 





(© Fotos CyC)

Por calidad y por precio, merece la pena comer con conciencia. Saber que lo que ingerimos no ha sido tratado con química. Y que su apariencia quizá sea menos bonita pero huelen a lo que deben oler. 

Lurkide es como los comercios de antes. Si te falta un euro, no pasa nada. Lo pagarás la próxima vez, porque seguro que vuelves.

lunes, 3 de marzo de 2014

En el Camino, de nuevo

Una vez escuché que hay personas que viven atrapadas en el Camino de Santiago. Creo que todavía no pertenezco a dicho género, pero, en breve, podría formar parte.

He caminado desde Villafranca Montes de Oca a Calzadilla de la Cueza. Es decir que he cruzado Burgos y Palencia, y he puesto un pie en León. El plan era llegar a Sahagún caminando, pero no pudo ser. 

Porque en este Camino he aprendido a abandonar cuando ya no depende de uno mismo. El viento que nos azotó desde Carrión de los Condes y, durante 17 kilómetros, fue insoportable. Su fuerza y el sonido, aullador, vencieron. Llegué a la desesperación, grité y caminé hacia atrás para que la mochila amortiguara tanto ruido. 

Ni la lluvia, ni el barro, ni el granizo, ni el frío... pudieron conmigo. El viento, sí. 

He sentido que soy muy afortunada porque mi vida es confortable. No tengo problemas para encender la calefacción de mi casa ya que puedo pagarla. No todo el mundo puede ni tiene una casa con calefacción. Lo digo porque he pasado mucho frío; he dormido en espacios helados y húmedos. Pero encontré cada noche una cama y eso fue un regalo, con calefacción o sin ella.

He confirmado que la diferencia la marcan las personas. Y que nosotros que somos hospitaleros debemos recibir a cada peregrino que cruza la puerta de Check In Rioja con una sonrisa cálida. 

Me he vuelto a emocionar -hasta las lágrimas- al despedirme de alguien a quien apenas he conocido y con el que apenas he cruzado unas frases. Decirle adiós al chico japonés me hizo volver a preguntarme:

¿Qué carajo hace este chico cruzando España a pie, solo y con este frío?

He necesitado silencio. Y lo he roto repitiendo mantras que me animaban a continuar.

He amado los macarrones y la sopa castellana por encima de todas las cosas. Eso y los bocadillos de chocolate.

He leído un libro maravilloso: La Isla. Sobre la muerte de un padre y los últimos días en compañía de su hijo. Me ha hecho pensar. Sentir alegría y pena al mismo tiempo.

Y lo mejor de caminar, una vez más, ha sido que he regresado con la certeza de que mientras tenga dos pies y una cabeza... Keep walking.