jueves, 8 de enero de 2015

Keep running

En los últimos tiempos repito una consiga: 'Keep walking'. La llevo grabada en la mente y en los pies. Sí, continúa caminando siempre, pese a todo, sigue. 

No pretendo abandonarla, pero he comenzado el año convencida de que me hará sentir muy bien repetirme a mí misma otra: 'Keep running'. Repetírmela y ejecutarla, claro.

Corro desde los ocho años porque en mi pueblo nunca ha habido polideportivo ni actividades programadas. A cambio, existen largos caminos, bellos paisajes, dos ríos que se unen, muchos montes y una vega. Es decir que he tenido el mejor escenario para calzarme las zapatillas y correr libremente. Así lo hice durante mi infancia y adolescencia, y he procurado hacerlo cuando he regresado. 

Luego los cambié por el parque grande de Zaragoza, por el que estaba cerca de mi casa en Getafe, por el del barrio del Pilar y por el Retiro y las calles de Madrid. Recuerdo aquellas mañana, bien temprano, cuando subía la Gran Vía y mi imagen favorita, la del edificio de Telefónica, conseguía emocionarme. 

He corrido junto al Ebro, a su paso por Logroño. También en diversas ocasiones, varios kilómetros del Camino de Santiago, sobre todo desde Viana. Pero durante los últimos 12 meses, la pereza me venció. Encontré la respuesta perfecta: 'En Pamplona, hace demasiado frío, llueve'.

Nunca me ha importado el frío ni el calor, tampoco la lluvia. Pero ésa ha sido mi mejor excusa para abandonar una práctica deportiva a la que debo muchísimo. 

Correr supone un tiempo para mí, para ordenar pensamientos y, muchas veces, priorizar decisiones. Correr oxigena mi mente y mi cuerpo. Es fácil caer en la pereza, dejarlo para mañana. Por eso, por vez primera en mi historial de corredora, he participado en una salida en grupo. 

Fue ayer. A las 20.00 horas, puntual, me encontré, en la puerta de la Ciudadela, frente a Baluarte, con el grupo Beer Runners. Confieso que me asusté cuando vi las piernas de los allí reunidos. Y admito que quise llorar y darme la vuelta cuando empezaron y salieron volando. 

Hubo una persona que se dio cuenta y me acompañó. Se llama Daniel y además de ser mi liebre, me explicó los lugares por los que pasábamos. Poco después, se unió a nosotros Eli. Nos esperó y los tres disfrutamos de 45 minutos de auténtico subidón.

Recorrí barrios de la ciudad en la que vivo, para mí desconocidos. Debí seguirles, no me quedó otra porque no tenía ni la menor idea de dónde me encontraba, ni hubiera sabido explicarle a mi chico dónde debía venir a recogerme. Intentaba fijarme si había marquesinas de autobuses para coger el primero que pasara... y lamenté no llevar el teléfono de radio taxi. 

Así que por vergüenza o por miedo, continué corriendo. Ellos bajaron el ritmo y acortaron la distancia, y eso fue clave para mí. Me gané una cervecita como premio y volví a casa, cruzando la Ciudadela, con lágrimas en los ojos: Lo había conseguido.

Corre aunque no tengas ganas. Cálzate las zapatillas y date varias vueltas; hoy puede que sean pocas pero mañana serán más. Y si no encuentras fuerzas suficientes para hacerlo solo, busca un grupo en tu ciudad, seguro que hay más de uno. Correr junto a otras personas hace que te superes, que no te rindas y que compartas la alegría de conseguirlo.

Keep walking.

Keep running. 

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