miércoles, 21 de junio de 2017

10 cosas que aprendí en el West Highland Way

Caminar funciona. Es así si dejamos el coche aparcado y lo hacemos en el día a día. Pero mucho más si nos marcamos un objetivo y, paso a paso, intentamos alcanzarlo. 

La semana pasada caminé 150 kilómetros en ocho días. Ahora, noto el efecto. Sé que funciona.

Me gusta el verbo caminar. Lo prefiero a andar. En inglés, utilizan otras posibilidades: climbing, hiking, trekking. ¡Yo me quedo con walkingPuede parecer absurdo, pero precisamente el sábado charlé con un alemán sobre los matices que diferencian a estos términos. 

El año pasado, Ana me habló del West Highland Way. Lo anoté en mi mente y se convirtió en un propósito firme. 




Gracias por la mención, Ana, he aprendido mucho siguiendo la flor del cardo, emblema de Escocia. Al menos, diez cosas.




1.- Soy fuerte. 

Quizá no tanto como algunas personas imaginan, pero mucho más de lo que yo a veces siento. 

Que toda tu vida hayas escuchado que eres una niña, una chica y una mujer fuerte, condiciona. 

Suele suceder que, cuando te encuentras con una gran piedra en la vida, esperan de ti que lo pases pronto, visto y no visto. 

Ser fuerte es una virtud pero mostrar la vulnerabilidad y expresar la debilidad, también.

2.- Sola, no pasa nada.

He caminado con mi única compañía. Únicamente el primer día anduve junto a un inglés, Matt. Dos días vi a gente por delante y por detrás. Los otros cinco: no vi a nadie. 




No sentí miedo por ello. (Aunque confieso que lo sentí por otras cosas que no son tangibles... ¡Ay, la cabeza!) 

No sé si tiene algo que ver con la valentía, con la inconsciencia o, quizá, más con la libertad. 

No tener miedo, ayuda. Creo que es una buena actitud en la vida. No temer.

3.- Confiar. 

Como lo es confiar en las personas. 

Mis padres me enseñaron a ser abierta y a hablar también con los desconocidos. Incluso a contarles dónde voy. 

Menos mal que en la cima de Devil's Staircase les dije a esos dos señores que yo también me dirigía Kinchlochleven. Ellos, cuando me vieron seguir otra senda, comenzaron a silbarme y a gritarme. Ése no era el camino.

Y quien dice confiar en las personas, añade hacerlo en uno mismo. 

4.- Sentirse acompañada.

Desde cerca y desde un poco más lejos, me han seguido amigos y familiares. Ellos querían saber sobre cada etapa, sobre si la lluvia había dejado paso al sol, etc. 

También lo han hecho personas que no conozco y que posiblemente nunca conozca. Facebook tiene muchas cosas buenas y yo he compartido mi camino escocés. 

¡Hay quién asegura que se ha emocionado!

5.- Aquí y ahora. 

Estar aquí y ahora escribiendo este texto es un regalo. Como lo fue recorrer toda la longitud de Loch Lomond, subir montañas como Conic Hill, en Balmaha, y saltar tantos ríos y riachuelos. 

Mirar demasiado a lo que fue, buscar constantemente entre los recuerdos o no entender correctamente el significado de la nostalgia, puede acercarnos a la depresión. 

El exceso de preocupación acerca del futuro también efectos que no son secundarios: ansiedad. 

Por lo tanto: aquí y ahora. 

6.- Seamos más naturales.

Porque vi millones de midges y solo tres me picaron.

Porque vi un macho cabrío salvaje, me miró y se alejó cojeando. Pobre. 

Porque vi paisajes que me hicieron llorar. 

Porque he agradecido la lluvia. Sí, casi cada gota.

Porque he vuelto a sentir que la luz de este país, de Escocia, es bellísima. Es única. 

Por todo ello, he tomado conciencia del respeto que debemos a la Naturaleza. Cada día nos alejamos más y más de ella. Y eso sí que no funciona. 





7.- Agradecimiento.

Porque tengo energía y fuerza mental para intentar nuevas metas. Sean 150 kilómetros o la mudanza número 12 y la vuelta a Madrid con todo lo que implica. Intentarlo y posiblemente alcanzarlas. 

Gracias. 

8. Silencio. 

Yo, que hablo por los codos, preciso silencio. 

He vivido ocho días silenciosos. Y ha sido un regalo enorme.  

Porque silencio es la ausencia de ruido, fuera y dentro de la mente. 

Porque significa reflexión. Y yo necesitaba detenerme, aunque paradójicamente estuviese caminando, para mirar con perspectiva hacia atrás y tomar impulso hacia delante. 

9.- Viajar funciona. 

Caminar funciona y viajar a pie o en cualquier otro medio, también. Abres tu mente, sacudes algunas ideas rancias y derribas prejuicios. Cerca o lejos. Funciona. 

10.- Respirar.

Porque cuando algo duele profundamente parece que el tiempo no avanza. Ése que dicen lo cura todo. Pero así es. Y un día, te das cuenta de que ya pasó.

La calma, de nuevo, está aquí, a mi lado. No temo nuevas piedras en el camino, que las habrá. ¡En el West Highland Way he caminado por encima de infinidad!

Por eso, aquí y ahora, respiro, tomo aire y continúo caminando. ¡Queda mucho trecho, amigos!






Keep walking!

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