domingo, 16 de diciembre de 2018

Sobre las raíces

Mi lectora número uno acaba de enviarme un mensaje presionándome:

"La presentación de tu libro merece una entrada en el blog". 

Yo no soy nada sumisa ni obediente, sino todo lo contrario. Incluso he pensado tatuarme la palabra 'indómita' porque alguien me la repite con frecuencia. Bueno, el caso es que esta vez, he dejado el libro que estaba leyendo (Por cierto, maravilloso: Final feliz de Isaac Rosa) y he encendido esta pantalla.

Ella es Ana. Ella será la presentadora de la charla que ofreceré en mi pueblo sobre mi vínculo con el Camino de Santiago y otros caminos, y de las razones que me llevaron a escribir un libro en torno a esta experiencia. 

Si todavía queda algún lector de este humilde blog que no conozca el título de mi libro diminuto, aunque lo dudo porque a mí lo de anunciar a bombo y platillo se me da fenomenal, le diré que es: 



Como Ana fue quien me chivó que por aquí se asoman otras dos personas del pueblo, a ellas les digo que la cita es el próximo 22 de diciembre, sábado, a partir de las 17 horas, en el salón de actos del ayuntamiento.

Me hace especial ilusión contar ante quienes nos acompañen que posiblemente mi afición por caminar surge de la infancia en ese rincón de Aragón al que, en los inicios de los 80, nos llevaron nuestros padres dejando atrás Madrid. 

Nosotros, sábados y domingos, después de comer no veíamos la tele. Habíamos visto los dibujos animados de las 14.30 horas, eso sí: David el Gnomo, Los Pitufos... Comíamos y salíamos toda la familia para dar un paseo de 2-3 horas junto con el perro que entonces teníamos (Ruscus, Remo, Jara...).

Ése era nuestro ocio y reconozco que lo echo de menos. Ahora camino con mi padre, con mis hermanos, juntos o por separado, pero ya no con mi madre. Y me encantaría volver a caminar los cinco junto a las nuevas personas que forman parte de nuestra familia. 

Fui a un colegio en el que me hicieron sentir forastera. Y por las tardes, en Arándiga, también sentía que era forastera. Ni de un lugar ni de otro... sin embargo, el paso de los años ha hecho que cada vez que vuelvo me emocione el río, los campos de frutales, los montes... 

Justo la última vez que estuve, apenas hace unos días, mi padre me dijo que nuestro pueblo era 'el paraíso (terrenal)'. Y yo lo suscribo. 

Porque Arándiga sí es mi pueblo, y mis raíces. 

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