lunes, 3 de febrero de 2014

Pamplona, pese a la lluvia (y la nieve)

Han pasado varios meses desde que vivo en Pamplona. Han pasado varios meses, muchos bajo la lluvia, constante y a veces impertinente, pero no he recorrido la ciudad como debería. 

Es decir, entrando, preguntando, tomando notas, haciendo fotos... Hasta que no lo haga, creo que no habré aceptado que ésta es mi nueva ciudad. Y eso que ya soy, oficialmente, de Pamplona.

Me queda ir al Parque de la Taconera, al Café Vienés, y probar su tarta de chocolate. No entiendo porqué pospongo la visita.

Visitar ese nuevo café que además es librería, llamado Walden y que está tan cerca de casa. Acercarme, de nuevo, a La Hormiga Atómica, con café y también muchos libros, y preguntar si ya han abierto su cocina.

Reservar mesa en Enekorri, Rodero, La Nuez y continuar descubriendo esos restaurantes que ocupan la primera planta. ¿Por qué será? Empecé por Otano, y debería intentar sacar mis propias conclusiones.

Caminar un sábado hasta el río y comprar verdura en las huertas de la Magdalena.

Decidir que hasta que no pruebe los fritos de casi todas las barras de Pamplona, no sabré si me gustan o no. Los fritos y las bolas de pimiento.

¿Quizá no asuma que ésta es mi nueva ciudad hasta que viva, como apunta todo el mundo, los primeros San Fermines?

Puede que lo haga, simplemente por probar las especialidades de esa antigua churrería que solo abre durante dicha semana.

Pamplona, pese a la lluvia y a la nieve que hoy quiere llegar. 

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