lunes, 6 de octubre de 2014

Adiós, Mary

Nuestra pre-boda fue el 3 de octubre. Entre esa fecha y el 5 de octubre, cuando reunimos a quienes más nos quieren y queremos, elijo la primera. Así lo sentía y, desde ayer, así será.

Porque ayer dijimos adiós a Mary.

No fue mi tía. Pero era mi tercera tía en Madrid. 

'Los lazos familiares te vienen dados, a los amigos los eliges', nos escribió ella precisamente el 5 de octubre en aquella tarde feliz. 

Ella era mi tía de corazón y una de las personas que más me ayudó en Madrid. Se convirtió en mi tía-vecina. Dormíamos separadas por una pared. Porque gracias a ella llegué, primero de alquiler, a Alonso Cano; también ella me llamó aquella mañana para informarme de que había un piso en venta en el bloque. 

Ella siempre hizo mil gestiones administrativas por mí. Ésas que yo no soporto. Me acompañó al médico. Y junto a ella, y Feli (que sí es mi tía de sangre), pasé horas y horas en su saloncito. La recordaré siempre sentada en su butaca verde. 

Ayer la despedimos y cuando dijeron que podíamos dedicarle unas palabras, me sentí incapaz. Ahora te las digo, Mary:

Te echo de menos. Has sido una jabata que superaste un primer cáncer en el que te dimos por muerta. Lástima que éste segundo ha podido contigo, pero sé que descansas.

Has sido generosa hasta el último momento. Te has muerto rápido para no incordiar. 

Y esperaste a que llegara Óscar, tu hijo, para respirar por última vez. 

Siempre te recordaré fumando. Tocando a la puerta de mi casa y diciéndome: 'Os he traído unos callos. ¿Os traigo también vino?'

Espero ser tan buena tía como tú lo has sido. Ser comprensiva, dulce y cómplice. 

Llevo en mi corazón aquella tarde de verano en la que Feli me castigó y me dejó en casa, con Margarita, mientras todos os marchabais al pantano a merendar. Tú, que siempre llevabas cinco mecheros para el Marlboro, dijiste que no tenías fuego. Volviste a por mí. 

Me dijiste que debía pedirle perdón a Feli. Y fue una de las tardes de verano que más recuerdo. 

Así eras tú, Mary. 

También guardo en la memoria otra tarde que nos llevasteis tú y Feli a merendar al molino. Cuando vuelva a casa de mis padres, buscaré la foto en la que los primos llevamos el carrito de la compra cargado y Óscar, tan pequeño, tiene esa pinta de levantador de pesas.

Con tu muerte, has conseguido que mis dos hermanos y yo ayer viajáramos durante cuatro horas. Y, como dijo Pablo, que fuera la primera vez en años que estábamos juntos tanto rato y que podíamos charlar. 

Te quiero, Mary. Y no me has jodido el día de mi primer aniversario porque siempre preferí el 3 de octubre. 

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