lunes, 25 de julio de 2011

En la barra

Por mi trabajo, visito en solitario mil y un bares. Lo cierto es que me gusta. Quedarme sin prisa, charlando mientras el barman prepara las copas de otros, observar a los demás que sí tienen compañía... Han sido muchas las charlas con Javier, Carlos, Diego... Hoy me quedo con este último, con Cabrera.







Tras estudiar Comercio Exterior, se tomó un año sabático para vivir, viajar, experimentar. Recaló en Barcelona para luego (pasando por Ibiza) llegar a Madrid. Y aunque le encantaría volver a su Buenos Aires natal para que su ‘vieja’ y sus amigos fueran a su bar, de momento, se queda y seduce no en una, sino hasta en tres –y pronto cuatro- barras.

¿Cuál es el secreto de un buen cóctel?
Equilibrio. Entre dulzor, alcohol, frescura…

¿Y tu favorito?
Un Manhattan porque, en cualquier momento, me apetece.

Si bien, también depende del momento.
Claro, y del día que tuviste, de la estación del año. De multitud de aspectos.

¿Qué te piden los hombres?
Cócteles con carácter. Y se inclinan, sobre todo, por la ginebra, por el gin tonic.

¿Y ellas?
Muchas se acercan y me dicen: “Ponme lo que beben las chicas de Sexo en Nueva York”. A ellas les suelen gustar más dulces y sutiles que a nosotros.

Pareces sentirte cómodo en la Villa y Corte. Si tuvieras que dedicarle un cóctel, ¿qué ingredientes tendría?
Curiosamente, el otro día pensé en ello. Y dado que ésta es una ciudad en la que casi nadie es madrileño y de ahí que resulte tan acogedora y abierta, mezclaría ingredientes que no fueran de aquí. Quizá un whisky de Segovia, naranjas de Valencia…

¿Y Barcelona qué te inspira?
Mar, playa, sol… sabe a Silver Gin fizz preparado con alguna de las ginebras que allí destilan.

Pero no solo de alcohol vive el hombre. Piensa en un combinado sin un grado de más.
Yo procuro cuidar el apartado sin alcohol precisamente porque hay muchas personas que prefieren no tomarlo. En la carta, se encuentran más de una decena de propuestas y luego, imaginamos en función de los gustos del cliente. Me gusta el Single: buenísimo y a base de piña, jengibre y hierbabuena.

¿Y una bomba de relojería?
El Dry Martini. Solo he sido capaz de beber uno entero en mi vida.

¿Cuáles son los últimos productos que te han sorprendido?
Pues varias reediciones de vermuts, uno de ellos con quinina, y que he descubierto en San Francisco. Y en Japón, el ‘shochu’, un destilado fantástico.

Hablabas de tendencias, ¿con qué nos sorprenderás próximamente?
Me he propuesto resurgir el brandy. Porque es una bebida noble pero desactualizada y merece mucha atención.

Al estar detrás de una barra se te supone la carrera en Psicología… y siendo argentino, tendrás uno o dos postgrados.
No es broma. Más de un cliente asegura que venir a verme es más barato que llamar a la puerta del psicólogo. Llegan, se toman una o dos copas, se sienten cómodos, charlan y regresan a casa relajados. Además, el secreto profesional me prohíbe desvelar dichas conversaciones…






(© Fotos Diego Cabrera)

Entre palabras y palabras, yo disfruto de mi bloody mary con agua de tomate...

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