miércoles, 28 de marzo de 2012

Como en casa

Mi familia está lejos. Quizá por eso me esfuerzo cada día por encontrar personas y lugares que me hagan sentir como en casa.

Me ayudan a estar en calma, recuperar la perspectiva pese a la realidad tan agitada y a acariciar esos momentos que son 'puritita' felicidad.

Los primeros lo hacen con una mirada, conversación o pequeño gesto. Pueden pasar los días sin cruzar unas palabras o un café, pero sé que están cerca. Y ellos saben que son importantes para mí, por eso, procuro cuidarles. Sabio consejo que, hace años, alguien me dio.

Pero los lugares también importan. Hay espacios que emocionan, una y otra vez, pese a verlos visitado cien veces, siempre es posible a hacerlo con otros ojos.

Me reconcilian con la vertiginosa cotidianidad, me provocan una sonrisa... Me hacen sentir bien.

Como la Plaza de Oriente, en la que ya empieza a lucir el sol y que, en breve, visitaré no sólo con los periódicos y la bolsa de patatas del pasado domingo: lo haré con un picnic en toda regla. 

El Parque del Retiro, que me conmueve en otoño y me sube el ánimo con la luz y gentío primaverales. A él voy en zapatillas, ¡rápido, rápido!

Cualquier punto de la geografía madrileña que me regale unas vistas del Edificio de Telefónica, la imagen más poética de la ciudad...

Una terraza al aire libre. No importa apenas la ubicación porque ya me contagié de la pasión gata por ellas y tomo asiento de día y de noche.

Y me reconfortan, mucho, restaurantes en los que cierro los ojos y digo en voz baja: 
¡Qué bueno!

Los mejillones de Bouchout al vapor (recuerdo sensacional de ese recorrido por Francia en furgoneta...), las croquetas de calçots y la pizza con ibérico ahumado (tan sutil...) de Lakasa (Raimundo Fernández Villaverde, 26. Madrid. www.lakasa.es) de César Martín hicieron que los comensales de las mesas de al lado, finalmente, me escucharan. 

(© Foto Lakasa)

Porque aunque mi madre no elabora dichas especialidades, se nota que César y su equipo vuelcan, como ella, toda su energía en los platos. Y preparar con mimo aquello que otros van a degustar, otorga un sabor especial.  

Creo que esta vez no fue un susurro: 
¡Qué bueno, como en casa!

2 comentarios:

  1. María, muchas gracias por dejarnos pertenecer a tus sensaciones.

    Sabes una cosa, ahora que no nos escucha nadie, nosotros, en lakasa, cuando encontramos a gente como tú, que siente cosas como tú, "nos ayuda a estar en calma, recuperar la perspectiva pese a la realidad tan agitada y a acariciar esos momentos que son 'puritita' felicidad".

    Gratitud, Maria, una inmensa gratitud por dar sentido a todo esto.

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  2. Gracias por cocinar cosas taaaaaaaan ricas! feliz primavera...

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