lunes, 18 de noviembre de 2013

Y por fin, Charly's Bar



Durante años, muchos, escribí semanalmente sobre bares de copas en un diario. 

Creo que en esta profesión, la de periodista, llegas a determinadas secciones por arte de magia. Estabas en el lugar preciso, en el momento justo. No depende de tus aptitudes; es que no había nadie más que pudiera hacerlo y había que hacerlo. Estoy segura de que durante mi año de prácticas, nadie en el diario pudo sospechar de mi debilidad por la noche. Ese año (de tantos cambios) fui pura seriedad.

De modo que el hecho de que Mar de Alvear escribiera sobre locales de copas, coctelerías, clubes de jazz y otros antros de buena muerte, solo fue cuestión de azar. Y gracias a él, conocí a Carlos Moreno. 

De él he bebido información, historia, técnica, anécdotas y, claro, cócteles que sólo de su ingenioso coco podían salir. Siempre he procurado visitarle en horas de poco trabajo para poder observar, con calma, la liturgia que impera detrás de la barra. Y así, además, tenerle concentrado en contarme más sobre su mundo, que a mí tanto me apasiona. 

Carlos es impecable en su trabajo. Se enfada cuando las cosas no salen bien. Le molesta no decir hola y adiós a cada uno de los clientes. Carlos en otra vida fue o será actor o contador de fábulas y, por eso, junto a la fórmula de sus mezclas también inventa narraciones que acompañan al proceso de elaboración.

Carlos es amigo y, a partir de ahora, me pido un sitio junto a su nueva barra: Charly's Bar (Jorge Juan, 22. 1ª Planta, Madrid). 


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