martes, 20 de septiembre de 2016

Dos sopas deliciosas. Sin que sirva de precedente

Quienes seguís este blog, y algunos lo hacéis desde hace mucho tiempo, os habréis percatado de que la continuidad no es lo mío. Me alejo y vuelvo a este espacio sin ninguna previsión. Así que no os sorprenderá que en apenas dos semanas, haya escrito hasta tres entradas. Algo inaudito en mí, lo sé, pero la apacible -y a ratos ociosa- vida en Escocia inspira mi faceta blogger. 

No solo eso sino que hoy, como diría coloquialmente, 'me he venido arriba', y voy a hacer algo insólito. Voy a publicar dos recetas de cocina. Sin que sirva de precedente. Así que hoy dedico la entrada a mi suegro, Miguel, que contándole hace unos días lo divertido que resulta ir al supermercado aquí y lo grande e inspiradora que es nuestra nueva cocina, me sugirió la idea de convertir cardamomoyclavo en un recetario. Tranquilos, no va a suceder. 

No publico recetas porque la anárquica e indómita cocinera que habita en mí no es una buena maestra en lo que a cantidades se refiere. Soy experta, eso sí, en la cocina de sobras y elaborada a ojo. Lo último lo he heredado, sin duda, de mi madre. ¡Ella sí que cocina bien a pesar de no controlar ni media cantidad! 

Tampoco publico recetas porque no tengo vajillas preciosas ni utensilios de revista para fotografiar. No cuento con ese don para captar con una cámara la belleza de unos tomates o de unos ajos. A cambio, yo disfruto revisando mil cuentas de Instagram sobre cocina, pero apenas publico unas fotos. Eso lo hacen muy bien profesionales como Marta Muñoz Calero o Chloé Sucrée. 

Dicho esto, me pongo manos a la masa porque hoy quiero compartir dos recetas que demuestran que se pueden improvisar platos buenísimos sin apenas recursos. Están pensadas para dos personas, pero con la posibilidad de repetir o guardar para otro día. 

Sopa de salmón a la finlandesa
Aceite de oliva virgen extra 
1 puerro pequeño
1 zanahoria pequeña
Un poco de hinojo fresco 
4 patatas muy pequeñas
1 lomo de salmón de unos 150 gramos 
(en función de si se quiere más o menos)
500 ml de agua (a ojo...) 
150 ml de nata líquida para cocinar 
(no para montar y mejor si es ligera) 
Eneldo fresco o seco al gusto
Sal y pimienta al gusto

Esta sopa la probé por primera vez en el aeropuerto de Helsinki. Y Anabel Vázquez, sopera confesa, nos contó que la receta es muy fácil. Ya de vuelta y, a pesar de ser pleno verano, me propuse cocinarla. Desde entonces, lo hago casi cada semana. 

En una cazuela, calentamos el aceite y freímos lentamente el puerro, que previamente hemos cortado en rodajas finas. 

Añadimos, la zanahoria también cortada finamente así como el hinojo. Poco después, las patatas peladas y cortadas en pequeños trozos. Unos minutos después, añadimos el salmón, que hemos cortado en cuadraditos. 

En la zona de Dumfriesshire, por ejemplo en el río Nith, pescan salmón y que, por lo tanto, nosotros estamos disfrutando de un pescado realmente rico. Aquí, como en España, es un básico en nuestro congelador. Otra receta muy fácil de prepararlo es marinado en zumo de naranja y jengibre, y cocinado en el microondas. 

Dejamos apenas dos minutos las verduras y el salmón a fuego siempre bajo. Y añadimos el agua, la sal, la pimienta y el eneldo. Todo ello deberá cocer lentamente durante unos 10 minutos. Y aunque en algunas recetas se recomienda sacar el salmón, yo no lo hago y siempre se ha quedado muy jugoso. Supongo que interviene la calidad del pescado. 

Apagamos el fuego y, poco después, añadimos la nata líquida y servimos. 

Sopa de cebolla según Doña Rosa
6 cebollas pequeñas
3 ajos
2 hojas de laurel
Pimienta y sal al gusto
Nuez moscada o, en este caso, romero
1 litro de caldo de carne o el de dos cubitos 
4 cucharas de harina
Un trocito de queso curado (siento no saber los gramos)
Aceite de oliva virgen extra

Mi madre no tiene móvil ni consulta internet así que, por suerte, no leerá este post. Porque si lo hiciera, me diría que vaya forma de cocinar. 

Picamos las cebollas y, en una cazuela con aceite caliente, las freímos a fuego lento. Cuando creamos que están hechas, es decir, transparentes, añadimos los ajos machacados (yo lo he hecho como he podido con un tenedor), la pimienta, el romero y las dos hojas de laurel. 

En una sartén caliente, tostamos la harina. Debemos prestar atención para que no se queme porque el sabor se echaría a perder. Añadimos con un colador la harina, de forma que no caigan grumos y se incorpora lentamente el caldo frío. 

Dejamos cocer lentamente durante unos 15' (a ojo), añadimos el queso rallado y lista para servir. 

Como dije, por un cuestión de economía familiar y poca previsión, suelo idear platos sencillos a partir de sobras. Además, casi nunca tengo los ingredientes para elaborar fondos. Soy más de cubito de caldo. Lo sé, es imperdonable, pero estamos ante otro básico en mi cocina. Los compro ecológicos para aliviar el cargo de conciencia. 

Me resisto a comprar los de carne porque yo apenas como, pero esta semana compré de pollo. Sí, yo que no como aves desde hace muchos años... Así que la primera gran diferencia con la receta de mi madre es que ella parte de un exquisito y sabroso caldo de carne. Espero que podáis entenderme. 

Ahora bien, sí he seguido al pie de la letra su mayor secreto para esta sopa que levanta muertos. He añadido queso de mi pueblo, concretamente, curado. Del que elaboran Ernesto y María Ángeles en su quesería, Galindo Andrés, a partir de la leche de sus propias ovejas. 

En Madrid y en Pamplona teníamos una cocina pequeña, pero los utensilios necesarios. En Dumfries, en la cocina incluso hay mesa y sillas, y dos grandes ventanales, pero apenas tengo una cuchara de madera. Así que la harina la he tamizado con un pequeño colador y el queso no lo he podido rayar. Lo he hecho en la picadora. ¡No gritéis los que sabéis de cocina!

Tampoco tengo nuez moscada así que me he atrevido a añadir una pizca de romero seco.

Insisto en que las cantidades son a ojo de mal cubero. Pero aún así, prometo que el resultado es sabroso. También he de decir que me gusta elaborar las sopas unas horas antes de tomarlas. ¡Saben más ricas!

Por cierto, en cuanto descubra dónde comprar tomates buenos, me atrevo con la espectacular receta de sopa de tomate que elabora mi madre. Y aunque no tengo fotos bonitas de ambos platos, bien podría ilustrarlo con un auto-retrato en la escalera, único lugar de la casa al que llega el wifi del edificio de al lado... 

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