jueves, 15 de septiembre de 2016

Los cementerios existen




Cada vez que viajo a Monteagudo de las Vicarías, el pueblo de mi madre, mi paraíso soriano, me preguntó el porqué de la ubicación del cementerio. Está situado en la entrada, a cierta distancia del núcleo todavía con vida y, curiosamente, dando la bienvenida a los recién llegados que, claro está, pasan de largo. 

Naturalmente, lo he visitado en alguna ocasión. Cuando así sucedió, me emocionó el respeto de sus habitantes al caminar con paso lento por la carretera, y con cierto silencio, tras el féretro. También me llamaba la atención el respeto de aquellos que, justo pasaban por allí y parados en el interior de sus vehículos, aguardaban a que la multitud llegará al camposanto. 

Los cementerios en España suelen mantener las distancias. Las puertas suelen estar abiertas durante unas horas y supongo que, de lo contrario, habrá que pedir la llave a algún vecino. En Reino Unido es otra historia.

Lo supe durante aquel verano en Cambridge. Entonces descubrí que los muertos descansan, me gusta esta metáfora, en el corazón de la ciudad o municipio que un día habitaron. No los mandan lejos. Generalmente son lugares de paso entre una zona y otra, es decir, que cuentan con su propios senderos, asfaltados, y son transitados con total normalidad. Y a cualquier hora.

En Dumfries, el lugar que hemos elegido para residir durante los próximos 11 meses, hay varios cementerios. Uno de ellos junto al río y otro sobre una suave ladera. Hoy, pasé un agradable rato en este último y constaté que su situación, con cierta altura, regalaba unas vistas realmente bonitas del centro urbano. 




Verde, florido y muy cuidado, sin apenas flores de plástico, paseé entre las tumbas y contemplé cómo los bancos eran parte del mobiliario. Sentarse allí es algo habitual, como quien lo hace en un parque. También lo es pasar un tiempo con quienes se fueron mientras, a su lado, se plantan unas bonitas flores. Como ese caballero; yo imaginé que visitaba a su mujer. Y varios niños cruzaron con las bicicletas, como otras personas lo hacían a pie. 

También contemplé las tumbas de quienes murieron antes de tiempo. Mucho antes. Sí, porque los niños también se mueren. Aunque no nos guste. Estaban rodeadas de juguetes, globos y coloridas flores. No me pareció desagradable. La vida es así de jodida y supongo que reconforta saber dónde se encuentra ese ser a quien tanto quisiste. 

En fin, que la relación de los vivos con la muerte es bien curiosa. 

Buenas noches. 

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