miércoles, 1 de marzo de 2017

Seré breve



Me gustan los blogs con fotografías bonitas, grandes y sin demasiado texto. Ya veis, amigos invisibles, y yo apenas publico imágenes, las que comparto no son demasiado buenas y me atrevo con discursos que no tienen fin. 

El caso es que hoy voy a intentar ser breve y gráfica. 

Diré que junto a la casita que se ve en la foto, hay una playa maravillosa. Continuando por la carretera, pero en dirección contraria, es decir, no hacia el fondo si no hacia ti, que estás leyendo, hay otra todavía más especial.





Ambas se encuentran en Mull of Galloway. Es una zona apenas explotada por el hombre y en la que existe un faro. Nosotros dormimos junto a él hace unos días. Lo hicimos en la más completa soledad y azotados por un viento que era de todo menos tranquilizador. 

En Escocia, en un día, puede llover y asomarse el sol de forma intermitente. Pero si luce gris y decide llover, entonces llueve como nunca imaginaste. Por eso, hemos aprendido (ya traíamos la lección avanzada de Pamplona) que el tiempo no puede alterar tus planes. De lo contrario, no saldríamos de casa. ¡Y eso no nos gusta nada!

Así, entre nubes, chaparrón va y chaparrón viene, disfrutamos de un domingo sin hacer demasiado, tan solo caminar por dos playas y sorprendernos con todo aquello que es posible encontrar en la orilla. Demasiadas cosas... 




Cajas de algún barco pesquero, en este caso, dublinés. Y piezas oxidadas.








Un hilo rosa que debe ser habitual porque encontramos varios 'ovillos'. 




Mecheros, muchos mecheros. ¿Será que en el mar se fuma demasiado?




Un matamoscas, de los de toda la vida; de esos que hacen un ruido tan característico. No me extrañó hallarlo en Escocia porque en nuestra casa, pese a ser invierno, tenemos mosquitos de todos los tamaños. Lo cierto es que moscas todavía no hemos visto.




El esqueleto de lo que fue un árbol de Navidad. Creo que nosotros fuimos los únicos de la región que no compramos y pusimos uno. 




Alguna que otra concha. 




Una boya y la bota de un marinero. En amarillo, por supuesto, y a juego. 






El recuerdo de los juegos en la arena. Y muchas algas, gelatinosas y que no huelen demasiado bien.





Y por supuesto, botellas de plástico. Demasiadas. Pero de ésas hay casi en cada rincón de este país. 




Pero el hallazgo más singular fue este inmenso bidón o contenedor también oxidado y retorcido. Nos dijeron que es un silo, de una granja, y como el resto de objetos al parecer llegó arrastrado por la marea. 




Creo que lleva allí tanto tiempo que es parte del paisaje. A mí, personalmente, no me disgustó. Entre nosotros, me recordó al Peine del Viento. Guardando las distancias, lo sé. Que no se diga que no busco el lado poético.






En Mull of Galloway confluyen tres mares y es, por tanto, una zona altamente peligrosa. En Escocia, el movimiento de mareas es tan grande que son muchas las playas conocidas por atesorar mil objetos. De hecho, hay artistas que los recogen y crean obras a partir de ellos. 

Y termino ya que he de ser breve. Me lo he propuesto.


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