miércoles, 21 de diciembre de 2011

Herencia familiar

Al parecer a él le encantaba jugar con ellas. Y yo heredé la afición.

Cada vez que enciendo una vela ante mi madre o mis tías, escucho idéntica frase: "Igualita que el abuelo, que siempre andaba con las cerillas". Si él viviera se volvería loco con las creaciones actuales, como yo.

Me gustan por su aroma, brillo y la atmósfera mágica que propician.

Son un capricho y una delicia. Diptyque (www.diptyqueparis.com) vuelve a sus orígenes y, en Navidad, presenta dos velas inspiradas en los tejidos que editaba la casa francesa en los años 60. Porque antes de que se extendiera su fama perfumista, el eje de la empresa eran las tapicerías para muebles.




Como el olor de las casas provenzales cuando llega el invierno. Esto es, a la ciruela de piel negra y carne dorada denominada perdigone. Este fruto, en los pueblos de dichas latitudes, se encuentra entre los 13 postres tradicionales de los festines de fin de año.



(© Fotos Diptyque)

Evoca la frescura de las agujas de un pino de Siberia, cubierto de nieve. Y se añaden las notas resinosas del abeto balsámico. Esto y mucho más...

Olor a miel, caramelo, dulces de chocolate, jengibre y rosa... Las velas de Tokyo Milk (www.tokyo-milk.com), de venta en Femisa. Objetos Perdidos (Corredera Baja de San Pablo, 8), son tan bonitas que una quisiera no consumirlas nunca.






(© Fotos Tokyo Milk)


Y por último, otro delirio sensorial es la línea de Rodial (www.rodial.co.uk): Socialité. Estimula los sentidos y aumenta los niveles de energía gracias a una exquisita combinación de aromas. 


(© Foto Rodial) 


De miel con vainilla, leche con almendras tostadas o champán rosado con cassis... Perfecto, cualquiera de ellos, para evadirse y olvidarse del estrés del día. 


Me gusta haber heredado esta afición. Gracias, abuelo

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