viernes, 1 de febrero de 2013

El destino es el hotel. Uno

Hay hoteles-destino. Llegar y quedarse en ellos. No se precisa nada más.

Casi ni salir a la puerta. Y es que en su interior existe todo aquello que pueda apetecer. Sí, más allá de las necesidades, todo aquello que apetece.

Me quedo con esos pequeños (y grandes) detalles.

Le Domaine Abadía Retuerta (www.abadia-retuerta.com/ledomaine/).

Porque desayunas, comes y cenas a la manera de Andoni Luis Aduriz. Y no es cualquiera.

Porque para quienes practicamos deporte como quien respira, nos gusta hacerlo en cualquier lugar. Éste no lo es. Resulta casi mágico, al amanecer y cuando se esconde el sol.

Entonces, puedes calzarte las zapatillas y salir, sí, correr por los viñedos y cruzarte con alguna ardilla.




Si prefieres estirarte, respirar y estar en calma la sala de yoga es un remanso de paz.




En el exterior, pero en los confines de este reducto de desconexión, existe una encina centenaria. Bajo ella, se puede abrir un botella de los grandes vinos de esta casa y, sencillamente, brindar.



(© Fotos Abadía Retuerta)


El Lodge (www.ellodge.com). Porque fuera hace frío.

Nadar en su piscina climatizada, situada en la terraza exterior, te hace sentir especial. ¡¡Te atreves a desafiar las bajas temperaturas!! Para nada, el agua está calentita y el albornoz aguarda cerca.




Porque en el spa y gracias al equipo de Bioyoga, me abandoné en el mejor masaje de Ayurveda que he recibido nunca. Y han sido muchos.

Porque tiene billar.




Y preparan un buen bloody mary.

Porque en la terraza Suite Nevada puedes degustar sushi y también un delicioso pepito de ternera.



(© Fotos El Lodge)

Porque en el restaurante, MC Grill, la fondue de queso se acompaña de pepinillo y cebolleta. Una mezcla insospechada pero adictiva.

Porque los glotones como yo querrán comerse la línea de baño, de Arran Aromatics. Huele a miel y debe saber a ella. Una vez aplicada, hay alguien que exclama: 'Hueles muy dulce'. Realmente dulce.

Sport Hotel Hermitage & Spa (www.sporthotels.ad).




Fuera también hace frío. Mucho.

El silencio es casi absoluto. Tanto que se escucha y apenas se ve alterado por el sonido del río.

Porque el gimnasio es eso: un gimnasio. No una habitación claustrofóbica con una máquina (y media).

Mientras corres y estiras, sigue cayendo la nieve. Lentamente, con una melodía silenciosa.

Porque no huelen a miel pero sí a esa esencia cuativadora llamada Acqua di Parma. Los amenities son una delicia y de tamaño mayor del habitual.



(© Fotos Hermitage)

Porque el desayuno deja sin palabras. Hay mermelada de fresa y melocotón, pero también de pera, calabaza o tomate; mantequilla de la que tanto me gusta y otras con vainilla y caramelo; el zumo de naranja es natural (sí, no es tan habitual que lo sea) y los yogures de Casolans son riquísimos.


Sigo viajando atenta a los pequeños detalles. 

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