miércoles, 2 de noviembre de 2011

No-cumpleaños

Me encanta cumplir años, pero no celebrarlo. Quizá porque hace demasiado tiempo que me encuentro físicamente lejos de quienes más quiero. Aunque tampoco me gustaba hacerlo cuando les tenía al lado.

Siendo niña, lo celebré tan sólo en una ocasión. Mi madre y la ATS del pueblo, Aurora, idearon mil y un sándwiches, medias lunas y otros bollos para deleitar a mis 'amiguitas' del cole. Ellas los masticaron, sí, pero no tragaron. Los convirtieron en bolas que, con gran disimulo, arrojaron bajo el mantel. Ese día decidí no volver a ser protagonista de ninguna cita, digamos, social.

Pero llegaron los 30. Y ésa sí fue una gran, gran fiesta. Siguieron sin estar mis padres ni hermanos, pero sí ese largo etcétera de personas geniales que una vez conocí en una facultad, en un trabajo o en un viaje. Vinieron y fue inolvidable. Tanto que me emocioné, repetí a los 31, pero fue un fracaso.

En unas horas, cumplo algunos años más. Y volveré a no celebrarlo. Pero ayer, tras salir de yoga, darme un pequeño golpe con el coche y pisar un blando excremento de perro, pensé: Quiero celebrar mi no-cumpleaños en Aranjuez. Así que con una de esas personas que una vez se cruzó en mi vida y sigue, Isabel, fuimos al restaurante homónimo de Rodrigo de la Calle (www.restaurantedelacalle.com).


Sin planes ni preaviso, fue un gran día. Cumplí el deseo de probar la cocina de quien por muchos es tildado como 'el chef de la gastrobotánica'.



Me maravilló el llamado caviar cítrico sobre una ostra excepcional y saber que flores de mi infancia, como la Sangre de Cristo, se comen.




Pero como suele ocurrir con la gastronomía, sin duda, lo mejor es tener la oportunidad de oler, saborear y emocionarse con los tomates aliñados y texturizados; la sopa de judías verdes con pulpo seco y a la brasa; el estofado negro de lentejas verdes con rizos de sepa y alioli de un cítrico tan exquisito como el yuzu... Y también esturión, arroz, dátiles, ruibarbo... 


(© Fotos Rodrigo de la Calle) 

Confirmé que sigue sin gustarme nada de nada el pichón. ¿Será porque de pequeña teníamos un palomar?

Todo esto, claro, sin un buen vino, las risas y confidencias que se sucedieron no hubiera sido mi no-cumpleaños favorito.

3 comentarios: