lunes, 10 de septiembre de 2012

Javier Muñoz Calero y la hiperactividad

Dada su intensa -que no frenética- actividad hostelera, en esta ciudad en la que vuelan las noticias, tarde o temprano, hubiese sabido de él. Pero fue Olivier, el osteópata que nos resucita a ambos, quien nos puso en contacto.

Gracias a él conocí a Javier Muñoz Calero.


Tras una etapa en la Costa Brava, regresó a su ciudad y comenzó con Belaunde 22, junto a otro Javier, Molinero, éste. Se independizó y creó Tartán (General Pardiñas, 56. www.unrestaurantellamadotartan.es).



Creció -hace apenas tres meses- con Muñoca 
(Juan Ramón Jiménez, 22. www.munoca.es).




Y desde hace tan sólo unas semanas, se multiplica en Perrito Faldero (San Lorenzo, 9) y en Casa Pablo, éste último en Polonia y para el que ha confiado en Gonzalo de Salas Smith. Casi nada.



Con cada apertura, hace gala de la naturalidad y amabilidad que le caracterizan y marca mi número de teléfono. Entonces, me cuenta que sí que dijo que con el último era suficiente, pero que no, que acaba de abrir otro restaurante.

Y éste no supera al anterior, el equilibrio entre todos es evidente, porque cada uno tiene su estilo y propuesta.

El último sencillamente confirma que, de nuevo, se puede cocinar rico, rodearse de un equipo fantástico y dar vida a locales con una estética chic que alegran estos tiempos en crisis.

Tartan resulta cálido, casi invernal. Es sumamente acogedor. 
Pero no sólo es refugio del frío, también es perfecto en los días de calor.


Arriba y abajo, entre telas elegantes, cojines y detalles florales, se saborean un delicioso ceviche de corvina, una inolvidable ensaladilla rusa con aguacate o un taco de lomo bajo fileteado y acompañado de arroz, pasas, piñones, bacon... El toque dulce: helado con trocitos de galletas inglesas y falsos lacasitos.



Del carrito de quesos, no dejaría nada.

En Muñoca, la estrella es la terraza. Bajo el hormigón de un edificio se crea (de verdad) una agradable atmósfera y se comienza con un coctelito de Mireia.


Se continúa con las bravas. 


Los ricitos de calamar.


Y la coca crujiente de cecina, mozarella y micro mezclum, por ejemplo.



De postre: helado (sí, una de mis debilidades) de mantecado con vainilla de Madagascar y nuez de macadamia garrapiñada.


Aunque tiene alma de tasca y de taberna familiar, no puede evitar presumir de un aire francés muy atractivo.



Y de Perrito Faldero, en Chueca, se va a hablar y mucho en las próximas semanas.


(© Fotos Muñoz Calero)

Por el ambiente, la decoración y por especialidades como el perrito caliente, de 26 centímetros, nada más y nada menos, y con ingredientes que hacen salivar hasta al más insensible (cebolla seca, ketchup de curry, pepinillo, cebolleta...). También los san jacobitos de Torta del Casar, el hummus o el tiradito de pulpo.

Los postres son cuatro, suficientes para caer en la tentación. Yo caigo y caeré las veces que haga falta en el helado de yogur con sopa de dulce de leche y almendras tostadas.

Y Javier no para. Espero la próxima llamada. 

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