viernes, 29 de junio de 2012

Chez Cocó, aunque yo no como aves

No como aves, pero me gustan los lugares bonitos.

Bonitos por estética así como por esas cositas inexplicables que se notan en el ambiente.

Puede tratarse de un recuerdo que provoca una luz, una silla. Claro, los objetos los despiertan incluso de espacios que no se conocen, porque nunca se estuvo en ellos o porque son de otro tiempo.

No como aves, pero me encanta Chez Cocó (Diagonal, 475. Barcelona).

¿A quién no? Es elegante, ciertamente, y exótico. El interiorismo, firmado por Lázaro Rosa-Violán, es de marcado acento francés y sí, muy recargado porque, afortunadamente, ya pasó la moda minimalista.


En el comedor se encuentran bancos inspirados en el Orient Express, las telas y muebles en color azul son tan delicados como los paneles florales de aire asiático.



Chez Cocó resulta sorprendente.

Y se toman cosas ricas. No solo pollo, pato, pichón, pintada y codorniz, también brandada de bacalao, coca de sardinas o huevo poché con ratatouille.

Ah, y fantásticos postres como la tarta de naranja caramelizada o el milhojas de vainilla y café, que se exponen en un fantástico carro. Pero la mirada no solo se pierde en él, lo hace asimismo en el mostrador, clásico, y lleno de cupcakes creados por la genial pareja Patricia Schmidt y Christian Escribà.

Es realmente apetecible para el sueño de una noche de verano, bajo los faroles y el tendido de bombillas.


(© Fotos Chez Cocó)

Sin apenas hablar, pero capturando cada preciso instante, cada sensación.

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